viernes, 3 de abril de 2020

40mo aniversario de una tormenta en la campiña de JETHRO TULL: una agridulce elegía

Jethro Tull ‎– Stormwatch ...The 40th Anniversary Force 10 Edition...

HOLA, AMIGOS DE CERCA DE LA ORILLA, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy tenemos el agridulce deleite de comentar la reedición especial y masiva del último disco de JETHRO TULL de la década de los 70s, “Stormwatch”: publicado en el 14 de setiembre de 1979 simultáneamente en los mercados británico y norteamericano, este disco signó la culminación de una etapa musical de JETHRO TULL en un ambiente tan tenso que también conllevó la ruptura (momentánea) de camaraderías otrora fuertes como el más resistente de los hierros. Parece como que incluso el fragmento de la canción ‘Dun Ringill’ (“Lines joint in faint discord and the stormwatch brews / A concert of kings, as the white sea snaps / At the heels of a soft prayer / Whispered…”) que está transcrito en la parte inferior de la portada manifiesta la mezcla de desazón y frustración que Anderson estaba padeciendo mientras sus ideales musicales y el ethos colectivo que siempre gustó de impulsar dentro del seno de JETHRO TULL se estaba desmoronando de manera escalonada e imparable. Bueno, por lo pronto, cabe destacar que existe un ítem remodelado y ampliado de “Stormwatch” viene como cuádruple CD y doble DVD, estando los dos últimos CDs dedicados a plasmar el concierto que el grupo dio, todavía como sexteto, el día 16 de marzo de 1980, en un local situado en la hermosa ciudad neerlandesa de La Haya, llamado Congreßgebouw. Esta masiva y meticulosa reedición, publicada a mediados de octubre del pasado año 2019, se titula “Stormwatch – The 40th Anniversary Force 10 Edition”. Ya para el tiempo del concierto antes mencionado, el lugar del difunto John Glascock estaba ocupado por Dave Pegg, amigo de la banda y también miembro itinerante de FAIRPORT CONVENTION. Glascock todavía estaba presente cuando el material del nuevo disco se estaba ampliando de a pocos mientras aún no terminaba la serie de giras promocionales para “Heavy Horses” y “Bursting Out”; además, aparece registrada su labor de bajista en tres de los temas que componen el disco ahora homenajeado, pero Anderson terminó haciéndose cargo del bajo en el resto del disco tras despedirle de la banda. Así, el buen Ian añadía un elemento más a su arsenal de flautas y guitarra acústica, además del canto. El resto de la banda todavía seguía integrado por Martin Barre [guitarras eléctricas y clásica, y mandolina], John Evan [piano y órgano Hammond], David Palmer (ahora Dee) [sintetizadores, órgano de fuelles portátil y arreglos orquestales] y Barriemore Barlow [batería y percusión]. El ahora quinteto todavía operaba mentalmente como sexteto pues la urgencia de contar con un nuevo bajista permanente en sus filas tenía que dar resultados pronto... y así fue con el ingreso de Dave Pegg, quien también sabía tocar mandolina y aportaba eficazmente voz de coro. De hecho, este señor no era ningún extraño dentro de la órbita musical donde se movía JETHRO TULL pues había sido integrante del grupo de folk-rock FAIRPORT CONVENTION.

Jethro Tull ‎– StormwatchJethro Tull ‎– Stormwatch

Técnicamente hablando, el disco “Stormwatch” tuvo un proceso de grabación muy expansivo entre agosto de 1978 y julio del año siguiente, mientras la temática ecológica iba perfilando y orientando el material a ser concretamente incluido en la versión final del disco. En estos once meses, el grupo estuvo bastante prolífico y, pensando solo en el aspecto práctico de mostrar al público lo que se ha creado, el material compuesto y ensayado durante esa temporada daba para un doble álbum de estudio sin ningún problema, pero el buen Ian se esmeró en hacer del disco uno explícitamente enfocado en el drama y la incertidumbre de la especie humana y del medio ambiente, al menos, en su mayor parte. La maquinaria de JETHRO TULL seguía operando con el cronograma de sesiones de grabación de nuevo material seguidas de una gira para volver a repetir el círculo a fines de los 70s, y tanto la intensidad del trabajo como la buena recepción del público seguían con el buen ímpetu de siempre. Pero, de alguna manera, lo que se esperaba que se pudiese culminar antes no llegó a un nivel satisfactorio: según palabras de Barre, en una entrevista que concedió a la revista Melody Maker una vez publicado el álbum, el grupo tenía listo mucho material para llenar un álbum a fines de 1978 pero, tras una exhaustiva gira estadounidense en los meses de abril y mayo de 1979, el grupo regresó a los estudios de grabación y se dio cuenta de que no era mucho lo que tenía de real valor grandioso para los estándares de la banda. Al final, todos los temas que entraron en el disco fueron grabados en los Maison Rouge Studios de Fulham y en el Maison Rouge Mobile del propio Anderson; antes del arribo del año 1979, también tuvieron lugar sesiones de grabación en los Townhouse Studios de Shepherd’s Bush, pero el grupo no volvió allí al año siguiente. De todas formas, el grupo se dio abasto para publicar el single ‘A Stich In Time’; más adelante, un mes y medio después del lanzamiento de “Stormwatch”, el grupo publicó el EP “Home”, que incluía ‘King Henry’s Madrigal’, tema no aparecido en el álbum en cuestión. Esa gira estadounidense a la cual hizo mención Barre culminó en el Centro de Convenciones de San Antonio, Texas, el 1 de mayo de 1979: se trataba del último concierto del grupo con John Glascock como integrante. Fue durante las primera semanas de preparación del nuevo material para el siguiente álbum que Ian Anderson hizo lo que nadie más quería hacer: despedir a Glascock de la banda para que su muy probablemente cercana muerte (un señor con problemas cardíacos congénitos y que, habiendo pasado recientemente por el quirófano, seguía fielmente adicto al alcohol y a las drogas, además de tener que consumir fármacos por prescripción médica) no manchara de sangre a la congregación grupal. A pesar de eso, todavía se hizo presente en un documental de la BBC que se realizó durante esa gira y que recién se proyectó en enero de 1980.

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Anderson no se refiere exactamente a un despido sino a un periodo indefinido de descanso (o tal vez prefiere recordarlo así), aunque realmente Glascok debe haberlo sentido como un despido cuando, a pocos minutos de escuchar las palabras directivas de Anderson, se cruzó con Palmer y se despidió de él portando su bajo en el estuche. Anderson recuerda que Glascock siempre era profesionalmente puntual en los ensayos las sesiones de grabación, pero que cada vez más se sentían sus manos temblorosas y que necesitaba de un trago o dos para tocar bien: “Él iba un rato al bar del estudio Maison Rouge en su intento de sobreponerse a su incomodidad consigo mismo a través del alcohol. Era algo muy triste de ver.” Palmer también recuerda una conversación durante esa gira, mientras se realizaba una prueba de sonido, en la que John le confesó que “sentía miedo de que pudiese saltar por el borde lateral del escenario y caer al vacío como un saco de huesos”. Palmer, en medio de su propio desconcierto, le recomendaba que probara beber un día sí y un día no, y que no dejara de hacerse sus chequeos médicos. Barre lo recuerda como un músico totalmente dedicado a JETHRO TULL y siente que sus compañeros pudieron haberse esforzado más por presionarle para que mejorara su estilo de vida. Barlow, tal vez su amigo más cercano, recuerda haber tenido varias discusiones serias con él desde un rol de hermano mayor que da una reprimenda al menor. Pero bueno, nada de esto sirvió de mucho y, a fin de cuentas, lo probable se cumplió en el cumpleaños #33 de Barre, mientras la banda estaba de gira nuevamente en los EE.UU. con el nuevo bajista Dave Pegg, y, al terminar un concierto en la ciudad de San Diego, Anderson se lo comunicó a los demás integrantes del quinteto que Glascock había fallecido. Barre, hasta el día de hoy, prefiere no hablar mucho del tema aparte de decir que fue uno de los días más tristes de su vida y que él fue una de las personas más amables que conoció jamás: “¡No le merecíamos! ¡Realmente no le merecíamos!” Barlow fue el más afectado, y de hecho, lloró muchas veces durante el concierto del día siguiente, en la ciudad de Oakland. Como dato adicional, resulta que él se había mantenido en contacto con John y había coordinado con David Allen (excolega de John en CARMEN) la formación de un trío como un proyecto paralelo: “Llamé a David y el estuvo de acuerdo con eso. Hablamos los detalles durante un almuerzo y… al día siguiente, John murió. Todavía quedaba un concierto de TULL por hacer pero yo no quería tocar, así que el management me tuvo que obligar a hacerlo. Yo estaba como un zombie.” 

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Volviendo un poco atrás, a mayo de 1979, Anderson asumió el rol de bajista para los temas que aún no estaban terminados para “Stormwatch”, siendo el Gibson Firebird su ítem escogido para la ocasión. De hecho, ya lo tenía en su arsenal personal desde los tiempos del “Songs From The Wood”, donde aparece una canción donde Ian toca todo: ‘Jack-In-The-Green’. Ian describe al instrumento de manera poco elogiosa: “el intento de Gibson de imitar el sonido del Fender Jazz Bass”. En todo caso, con un plectro y cuerdas nuevas, el instrumento podía adquirir una fuerza expresiva requerida para la ocasión. Dadas las circunstancias, Ian tuvo que trabajar con el maestro Barriemore muy estrechamente para elaborar los registros de los esquemas rítmicos de las canciones (más allá de lo muy cuestionable que es la apreciación de Ian de que el bajo es muy fácil de tocar pues, al fin y al cabo, solo tiene 4 cuerdas). Dada esta labor añadida de Ian dentro de la logística de JETHRO TULL, Barre tuvo la ocasión única de tocar todas las partes de mandolina en el álbum; la mandolina no era precisamente un instrumento ajeno a JETHRO TULL, no solo desde los tiempos de su glorioso segundo álbum “Stand Up”, sino también de algunos singles previos al mismo (como el single que contenía ‘Love Story’ y ‘Christmas Song’), pero era la primera vez que Anderson no se hacía cargo del susodicho instrumento. Una vez terminados los procesos de grabación, mezcla y producción de “Stormwatch”, había que convocar al sexto miembro faltante, un bajista. Entra en escena Dave Pegg, quien venia del recientemente disuelto grupo de folk-rock FAIRPORT CONVENTION y quien habrá de quedarse en las filas de JETHRO TULL hasta mediados de los 90s. Fue mediante una recomendación de Barlow que Anderson acogió la idea de tenerlo como reemplazante de Glascock, y claro está, la línea de trabajo de FAIRPORT CONVENTION pintaba al buen Dave como alguien capaz de absorber y realzar los elementos folclóricos que los mismos TULL desarrollaron durante el 99% de su carrera musical. La primera sesión de grabación con Pegg (o Peggy, como le apodaban sus amigos dentro del entorno musical) en la banda fue el registro de ‘King Henry’s Madrigal’, mientras que su primer concierto tuvo lugar el 5 de octubre de 1979 en los Maple Leaf Gardens de Toronto, Canadá. ¡Y pensar que Pegg casi no entra a JETHRO! Resulta que las primeras veces que Ian le llamó para hacerle la propuesta profesional correspondiente, él no estaba presente y, más bien, desestimó las llamadas porque pensó que se trataba de un tal Ian A. Anderson que le había enviado un disco de su grupo, llamado ENGLISH COUNTRY ROCK BAND, y quería telonear a FAIRPORT CONVENTION. Ian, cuando ya pudo localizar a Dave, le dijo algo así como “te he llamado cuatro veces en estos últimos días y no estoy acostumbrado a que no me devuelvan las llamadas”. Tras pedir las disculpas de rigor, Pegg escuchó y aceptó gustosamente la propuesta. Muy pronto hizo buenas migas con los demás integrantes de la banda, especialmente con Barre y con Barlow, pues los tres son de Birmingham y eso les brindaba una sensación de camaradería. Eso sí, el único de ellos que compartía parcialmente su gusto por unas buenas cervezas era Barlow. Pegg siempre ha sido un buen bebedor y, encima, el usualmente distante y disciplinario Ian, no tardo mucho en unirse a sus sesiones cerveceras en algunas ocasiones. Según se veía, sus hábitos de consumo de licor no atentaban contra su salud, así que no había peligro de que se repitiera el destino mortal de Glascock.

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Ya va siendo hora de que vayamos a los detalles de este disco tal como lo conocemos desde hace poco más de 40 años. ‘North Sea Oil’ da comienzo a las cosas sobre un alegre compás de 5/4, lo cual nos puede hacer recordar a su clásico hit ‘Living In The Past’ en cuando a este dato estructural, pero su espíritu bucólico y su vigor están más emparentados con el de las dos primeras canciones del LP anterior “Heavy Horses”; de todas formas, también se nota algo de la melancolía que marcaba a la canción de cierre del mencionado LP. De hecho, su temática es nostálgica en tanto que su letra establece una posición de reserva frente a la instauración y la expansión de la industria petrolera en ciertas áreas rurales: “Black and viscous, bound to cure blue lethargy. / Sugar-plum petroleum for energy.” – “New-found wealth sits on the shelf of yesterday. / Hot-air balloon, inflation soon will make you pay.” El solo de guitarra que emerge en el intermedio rural es fiero a la vez que melódico, mientras que la batería de Barlow hace gala de la ágil exuberancia de siempre. ‘Orion’, el siguiente ítem, es una canción muy notable en su alternancia de pasajes acústicos y rockeros, siendo éstos muy propiamente llenos de fastuosa garra. ‘Orion’ y ‘Old Ghosts’ (la segunda del otro lado) son las canciones con contenido mágico en sus letras dentro del álbum: la constelación del título es evocada como una presencia celestial a la cual se le pide urgentemente una luz guía, mientras que en la otra canción se hace alusión a la cohabitación entre los que viven en el más allá y los que aún permanecemos en el más acá. ‘Home’ ocupa el tercer lugar del lado A del álbum y muestra, con relativa concisión, un horizonte de espiritualidad relajada dentro del acogedor ámbito familiar. Esta bella balada de talante bucólico nos brinda un poco de relax emocional tras los índices de preocupación e incertidumbre plasmados en las dos canciones precedentes (“As the dawn sun breaks over sleepy gardens, / I’ll be here to do all things to comfort you. / And though I’ve been away, / Left you alone this way, Why don’t you come awake and let your first smile take me home?”) La sencilla base melódica queda bien ornamentada por las ricas líneas vocales que un Anderson, en plan fehacientemente introspectivo, transmite con calidez a flor de piel, y sobre todo, por los muy evocadores fraseos de la guitarra eléctrica en aquellos espacios en los que se abre paso durante los estribillos. Mientras tanto, los arreglos de cuerdas y los sobrios aportes del piano engrandecen la emotividad que reina a través del núcleo melódico de la canción. Esta balada de poco más de dos minutos y medio dice mucho.

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La cuarta pieza del álbum brilla con luz propia a todo dar: nos estamos refiriendo a la primera mini-suite del repertorio ‘Dark Ages’, una canción que tuvo su entecedente en una canción de más de 8 minutos de duración que fue descartada del “Songs From The Wood” y que, tras una cirugía musical severa y una serie de cambios graduales en la letra, fue tomando forma en la última gira previa a la grabación de este disco en cuestión. En muchos sentidos, ‘Dark Ages’ es la hermana más trágica de ‘No Lullaby’, la cancion de “Heavy Horses” que también se enfocaba en la faceta cruel y autodestructiva del género humano. Cierra la primera mitad del disco el saltarín instrumental ‘Warm Sporran’, una pieza alegre cuyo primer impulso motivado por la tríada de batería, piano y batería se va completando a lo largo del camino con las salidas al primer plano de la flauta, la mandolina y la guitarra eléctrica.* La dupla de ‘Something’s On The Move’ y ‘Old Ghosts’ se encarga de articular un dinamismo muy atractivamente versátil para los 9 primeros minutos del lado B. Ya desde el inicial riff de guitarra de ‘Something’s On The Move’ nos damos cuenta de que el grupo está preparado para explorar su faceta más filuda con la refinada contundencia de siempre, logrando crear un ambiente eléctrico con vibraciones que desde 1975 no habíamos vuelto a escuchar en un posicionamiento tan frontal en un álbum de JETHRO TULL. Barre saca de sí todas las aristas de su faceta más explosiva. El vigor rockero de esta canción, que cobija intervenciones muy lucidas de la guitarra eléctrica y fuertes armonías del órgano Hammond, se contrasta muy sugestivamente con la grácil propulsión de la otra, cuyo lirismo marcado sobre un compás que alterna 7/8, 10/8 y 4/4 va fluyendo con cierta cualidad etérea. Su esquema folk-rockero suena espectral, pero con un tono muy gentil. Barlow es ahora el más lucido del ensamble instrumental. Aquí hallamos la enésima muestra del talento poético del maestro Ian: “Young children falter in their games / At the altar of life’s hide-and-seek. / Between tall pillars, where Sunday-night killers / In grey raincoats peek. / Misty colours unfold a backcloth cold / Fine tapestry of silk. / I draw around me like a cloak /And soundless glide a-drifting.” Pero algo más etéreo se nos muestra acto seguido con la breve y seductora balada acústica ‘Dun Ringill’, cuya letra incluye la palabra que titula al álbum. La melancolía entrañable antes exhibida en ‘Home’ ahora adquiere un tono un poco más grave cuando uno deja la seguridad del propio hogar para echar una nueva mirada al paisaje: “We’ll wait in stone circles ‘Till the force comes through. / Lines joint in faint discord / And the stormwatch brews / A concert of kings as the white sea snaps / At the heels of a soft prayer / Whispered.” Dun Ringill es un castro de colina situado en la Península escocesa de Strathaird, en la Isla de Skye. Dicho castro fue fundado durante la Edad de Hierro y más tarde, reforzado en la Edad Media; actualmente, se exhibe sus ruinas junto al Lago Slapin. El narrador del inicio es el mismo que hace acto de presencia durante el interludio de ‘North Sea Oil’, y se trata de Francis Wilson, el relator de noticia meteorológicas de la BBC. Sus narraciones se hacen eco de los muchos paralelos que hace Ian entre el clima frío del exterior y la tensión propia del espíritu humano en el entorno mega-industrializado. 

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Nos acercamos al final del disco cuando nos topamos con su segunda mini-suite, la misma que se titula ‘Flying Dutchman’. Esta canción que dura alrededor de 7 ¾ minutos arrastra sobre sus magníficos hombros el más abundante despliegue de atmósferas y emociones nostálgicas del disco. El pasaje inicial de piano tiene obvias connotaciones inspiradas en la academia romántica, pero pronto el cuerpo central de la canción exhibe su alternancia de pasajes en clave de blues-rock y otros de tenor folk-rockero. Además, este último factor adquiere unas trazas exóticas durante el interludio, el cual mezcla lo céltico con ciertos aires del Extremo Oriente. La letra tiene claras invocaciones a la conciencia social y la exigencia de solidaridad en medio de un sistema socioeconómico que se centra en la producción en masa y el consumismo, algo que se puede retratar en cualquier escena urbana donde se ve a alguien con solvencia económica y otra persona homeless que busca qué hay de aprovechable en un vertedero de basura: “Old lady with a barrow; life near ending. / Standing by the harbour wall; warm wishes sending. / Children on the cold sea swell, / Not fishers of men. / Gone to chase away the last herring; / Come empty home again.” – “So come all you lovers of the good life, / Your children playing in the sun, / Set a sympathetic flag a-flying / And be there when the Dutchman comes.” El final del disco, al igual que con el final del lado A, viene de parte de una pieza instrumental, esta vez compuesta íntegramente por Palmer: ‘Elegy’, el trazo definitivo de nostalgia de este álbum. Es muy común que algunos melómanos despistados piensen, teniendo en cuenta el fallecimiento de Glascock durante esta época crepuscular de JETHRO TULL, que esta pieza instrumental está dedicada a la memoria de él... ¡pero si es que él toca allí! En realidad, este hermoso tema de talante a lo BACH comenzó como una balada fúnebre con letra que el entonces David Palmer escribió en memoria de su recientemente fallecido padre. Fue algo casi instantáneo: a poco de recibir la triste noticia, Palmer encargó a su entonces esposa que la comunicara a otros familiares mientras él componía los primeros esbozos de esta pieza en el piano de su casa. Esta elegía está bien encuadrada dentro un equilibrio finamente orgánico entre los instrumentos acústicos y eléctricos, dejando que el entramado de órgano portátil de fuelles y piano clásico se encargue de la base armónica mientras la flauta, las guitarras eléctricas y acústica, y algunos tenues arreglos de cuerda completan el esquema melódico en curso asumiendo conjuntamente el rol protagónico. El cierre con fade-out viene muy bien como símbolo auditivo del carácter transitorio de los asuntos humanos, incluyendo a la vida que los abarca.

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El CD 2 de esta reedición está muy nutrida, y por supuesto, se daba por descontado que aparecieran allí las canciones que fueron bonus tracks de la edición de “Stormwatch” de inicios del milenio: ‘Stitch In Time’, ‘King Henry’s Madrigal’, ‘Kelpie’ y ‘Crossword’. Pero además, también está aquí ‘Broadford Bazaar’, una canción que inicialmente conocimos por una reedición del “Heavy Horses”. En fin, tiene más sentido aquí no solo porque su letra expone un grave lamento por la ominosamente veloz expansión de la industrialización y el mecanicismo macroeconómico a través de Gran Bretaña, sino también porque. ‘Kelpie’ tiene una letra referente a la leyenda celta sobre los espíritus del agua (“Well, I’m a man when I’m feeling / The urge to step ashore, / So, I may charm you, not alarm you, / Tell you all fine things and more.” – “Say goodbye to all your dear kin / For they hate to see you go. / In your young prime to this place of mine / In the still loch far below.”), mientras que ‘Crossword’ se remite directamente al estrés típico de la vida urbana (“Typewriter turk, telephone terror takes / Time to wind down, pushbutton finger shakes. / City of dreams back to your quiet nightmare. / Life is a clue in the crossword.”). Originada a partir de una de las partes estructuradas del solo de flauta que creó Ian para los conciertos de 1978, ‘Kelpie’ evolucionó como una canción inspirada en los espíritus animados del agua imaginados por la mitología pagana escocesa, se convirtió en una celebración juglaresca y saltarina que no hubiese estado fuera de lugar en esa joya de 1977 “Songs From The Wood”. ‘Crossword’, en lo estrictamente musical, es un ejercicio de rock melódico con cierto talante progresivo en el esquema rítmico creado por Barlow y Glascock; una pieza agradable aunque no extraordinaria, lo que sí son ‘Kelpie’ y ‘King Henry’s Madrigal’. Por su parte, el Madrigal es justamente lo que dice el título, una alegre pieza musical de temática secular compuesta por el rey Enrique VIII a inicios del siglo XVI; fue idea de Palmer llevarla al repertorio de JETHRO TULL y fue quien se encargó de preparar el arreglo grupal. Jovialidad renacentista y finura barroca se funden en esta gozada progresiva que también pudo estar en un disco de GRYPHON o THE ENID. ‘Broadford Bazaar’ tiene una letra preciosa de temática simultáneamente ecologista y proletaria donde el buen Ian hace un guiño a William Blake: “I work in dark factories, a cog in the Big Wheel / Driving gray satanic mills and weaving sad stories. / And faceless masters, oh, they pay me plenty / Crumbs from their luncheon packs, / Harsh wine from bottles half empty.” ‘A Stitch In Time’ y ‘Broadford Bazaar’ se ajustan más propiamente a la línea de trabajo folk-rockera proseguida sistemáticamente por el grupo desde 1975. Incluso notamos algunos aires de familia que vinculan a ‘A Stitch In Time’ con ‘Old Ghosts’ en algunas progresiones armónicas que tienen lugar en las mudanzas, pero su talante más recio entra a tallar cuando llega el momento de un gran solo de guitarra eléctrica en medio. Lo que nos suena extraño es el empleo de coros femeninos en los estribillos, pero... bueno... ‘Broadford Bazaar’ es una canción más sencilla y serena, para nada melancólica, pues destila un patente fulgor expresionista a través de su atractivo desarrollo temático. En cuanto a su espíritu, esta canción pudo estar muy a gusto como parte de “Minstrel In The Gallery” o en algún lugar de “Heavy Horses” antes del esplendor épico de la canción titular.

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Pero eso no es todo, pues también tenemos aquí versiones iniciales de ‘Dark Ages’ y ‘Orion’, ambas más largas que las que hemos conocido de siempre (¡el ‘Orion’ primigenio dura más de 9 minutos!), además de una composición de Palmer titulada ‘Urban Apocalypse’. ‘Dark Ages’ exhibe en esta maqueta original un talante un poco más adusto que el que usualmente conocemos, siendo así que la guitarra se siente más presente en algunos de los pasajes sutiles. Además, ocupa un rol más abrumadoramente protagónico en las secciones pesadas, muy a tono con lo que entonces se cultivaba en el gueto de la nueva ola del heavy metal británico (o sea, IRON MAIDEN, por ejemplo). Como es de esperar, la distinguida agilidad de la dupla Barlow-Glascock resulta esencial para la concreción de esta garra rockera a fin de que pueda explotar compactamente el aspecto necesariamente explosivo de las secciones más tormentosas, incluso en el contexto de esta maqueta tentativa. En el caso de ‘Orion’, hay más ideas melódicas desconocidas, tanto en el breve preludio de talante bélico como en el amplio y tortuoso interludio instrumental que se desarrolla después de la segunda mudanza. Es algo así como el intermedio de ‘No Lullaby’ pero llevado hacia una efervescencia vivaz y polícroma al estilo del álbum “Songs From The Wood”. El hecho de que esta versión ampliada tenga registrada la coautoría de Barre es bastante significativo. ‘Urban Apocalypse’ es la composición de Palmer que mencionamos más arriba, y tiene una letra muy penetrada de conciencia social: “«Halt the ringing cry of progress» / Sang the horseman riding by. / They’ve used up all the good God gave us, / Now we’re riding back to yesterday. / Turn the tables in the temples, / Break the holy trinity / Of life assurance, General Motors / And silicon efficiency.” Tras un preludio de piano de tenor impresionista, emerge una canción sobriamente compleja de talante folk-progresivo que se extiende hasta los 4 ¾ minutos de duración. También hay un efectista preludio jazzero en medio de toda la magnética fastuosidad que signa a la canción. Esta canción merecía ser lado A de un single, o parte de un EP, no una simple joya escondida por varias décadas dentro del canon Tulliano. Otros ítems son las piezas instrumentales ‘The Lyricon Blues’ y ‘A Single Man’: esta última, compuesta por Barre, se tocaba mucho en conciertos entre los años 1978 y 1980, y de hecho, es la pieza que suena al final de la emisión televisiva del concierto que el grupo dio en el Madison Square Garden a inicios de octubre de 1978. La introducción de piano a cargo de Evan le da un aire galante a este jam, mientras que las adiciones de flauta brindan un grácil colorido al bloque sonoro. Otra novedad retrospectiva es la primera versión de ‘Dun Ringill’, que fue originalmente arreglada para más de dos guitarras; en esta maqueta hay una guitarra acústica, una mandolina doblada y una flauta traversa, además de un flautín, y además, el canto es más ceremonioso que en la versión definitiva. En cuanto a ‘The Lyricon Blues’, se trata de un promisorio jam bluesero que Ian impulsó para experimentar con el Lyricon, un instrumento de viento electrónico que funciona como una especie de saxo soprano sintetizado. El esquema musical es interesante, e incluso hay un viraje hacia el compás de 11/8 en el último tercio, pero pronto Ian se aburrió del instrumento así como de esta idea, así que la cosa quedó así, sin cocinarse del todo. ‘Man Of God’ es una canción rockera de cercanía con URIAH HEEP y los propios JT de la época del “Benefit”, siendo su letra de temática anticlerical. La pieza de 3 ½ minutos que porta el conciso título de ‘Rock Instrumental’ tiene, a despecho de lo displicente del título, un desarrollo melódico que se siente bien trabajado, y es una pena que no haya sido un poco más extenso, y no menos de lamentar es que no se haya trabajado a fondo para convertirse en una canción con personalidad definitiva.

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Los primeros aportes de JETHRO TULL tocando en vivo que aparecen en esta edición son los dos últimos temas del segundo CD: ‘Prelude To A Storm’, una pieza psicodélico-sinfónica compuesta por Palmer para que Barre, en su momento debido, dé inicio a las primeras líneas del riff básico de ‘Sweet Dream’, una canción que el sexteto rescató para sus giras de los años 1978 y 1979, y que de hecho, sirvió como canción de apertura para los últimos conciertos en los que actuó Glascock. La versión aquí plasmada data de mayo de 1978, durante la sección europea de la gira del “Heavy Horses”, y con algunas sobremezclas de estudio, apareció como lado B del single ‘A Stitch In Time’. De todas maneras, como no podía ser de otra manera, lo más sustancioso de este ítem es el contenido del concierto realizado en el Congreßgebouw de La Haya. La melodía introductoria del evento es una pieza de casi dos minutos compuesta por Palmer, titulada ‘Prelude To A Storm’. Sus vibraciones son 100% idóneas para abrir campo a la fastuosa canción de entrada ‘Dark Ages’. Luego sigue la secuencia de ‘Home’, ‘Orion’ y ‘Dun Ringill’, para que el grupo explore su faceta reflexiva con diversos niveles de intensidad expresiva. Son las escalas del piano de Evan las que reemplazan a las armonías iniciales de la guitarra acústica en la versión de estudio para darle un cabal empuje a la dimensión épica de la melancolía esencial de ‘Home’, mientras que ‘Orion’ recibe un empuje similar de magnificencia de parte de una introducción grupal guiada por la guitarra (parte de esa maqueta inicial que mencionamos en uno de los párrafos anteriores). Por supuesto, cuando suena una pista narrativa reconocible nos preparamos para disfrutar de ‘Dun Ringill’, canción para la que Barlow y Pegg fungieron de coristas. Un artilugio muy peculiar fue empleado durante la ejecución de ‘esta canción: pequeñas copas de nieve artificiales caían sobre Ian, Dave, Barriemore y Martin (el penúltimo llevaba puesta una visera con un miniparaguas incorporado). Un párrafo aparte merece el señorío barroco de ‘Elegy’, que, en vivo, asume una delicadeza muy especial. La ilación de ‘Old Ghosts’ y ‘Something’s On The Move’ sirve para que el ensamble salga a por todo con su mezcla progresiva de folk-rock y rock duro, aunque se nota en las primeras de estas canciones la urgencia de una robustez especial. No cabe duda de que Barre es una figura protagónica dentro del esquema instrumental y su esplendor particular cobra creciente peso; por su parte, Barlow sigue exhibiendo cabalmente su sofisticada musculatura. Como se ve, la idea de Anderson fue la de armar el repertorio como una frontal declaración de principios sobre el nuevo disco, con el grupo tocando varias piezas del mismo en un orden continuo preparado para sorprender al público asistente. Algo así como un poner a prueba a la gente que asistía a los conciertos, una estrategia que Ian defiende sin tapujos: “¡Pues por supuesto que es una prueba! – Como la primera vez que tocamos Thick As A Brick. Pero ése es el desafío que uno propone. [..] Puede ser que la gente se haya sentido un poco atónita, pero eso es parte del acto de poner tensión a las cosas, introducir el nuevo material antes de brindarle las canciones más habituales que el público conoce y disfruta, y que son las razones por las cuales compraron sus billetes. […] Uno no puede ser timorato con cosas así en el mundo creativo del rock progresivo, uno tiene que confrontarse literalmente con la situación, en el sentido de que eso supone no solo un reto para la audiencia sino también para quienes tocamos la música.”

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Es sintomático que la primera de las canciones clásicas de JETHRO TULL que aparece en el repertorio sea ‘Aqualung’, la cual se usó por muchos años cerca del final de los conciertos. Por supuesto, es de esperar de Ian que pregunte burlonamente al respetable si es que conoce la siguiente canción... Pero de inmediato, la banda regresa a sus modalidades más recientes al tocar ‘Peggy’s Pub’, una composición de tenor céltico creada por el recién ingresado Dave Pegg. La canción procedía del álbum de los FAIRPORT CONVENTION “Rosie”. Para la ocasión, Barlow se pasa al bajo mientras Pegg y Barre tocan un dueto de mandolinas, Evan toca el acordeón, Anderson toca la flauta, y Palmer hace unas cosas sencillas a la batería. El título procede la fantasía del propio Pegg de ser dueño de un pub. Se trata, al fin y al cabo, de un momento festivo y colorido que viene muy bien tras el legendario relato trágico del mendigo con tendencias pederastas. ‘Jack-In-The Green’ continúa fluidamente con la vena folclórica, aunque claramente con una actitud un poco más solemne. Cuando llega el turno de ‘King Henry’s Madrigal’, el buen Ian deja al entonces buen David Palmer presentar la pieza en cuestión (“El siguiente número no fue compuesto por Jethro Tull sino por otro caballero británico casi tan famoso como él, el Rey Enrique VIII. No siendo Enrique VIII miembro de un grupo de rock’nroll, su composición para nada hubiese sonado como esto.”) Dado el carácter colorido del tema, viene bien que el maestro Barlow inserte su solo de batería, un estándar que ya conocemos desde las giras del año 1977. La retoma de una breve porción del Madrigal abre la puerta al arribo de ‘Heavy Horses’, que en su versión relativamente reducida sigue mostrando con total cabalidad su señorial majestuosidad. Uno de tantos momentos en los que se dan los lucimientos respectivos de Barre y Barlow mientras los dos teclistas se ocupan de mantener la ingeniería melódica. El volumen 4 comienza con dos instancias de lucimiento particular: el solo de flauta de Anderson y el dueto de Palmer y Evan. El primero incluye secciones de ‘Bourée’, ‘Soirée’, ‘God Rest Ye Merry Gentlemen’ y ‘Kelpie’. Por su parte, el dueto de teclados se explaya en la faceta académica del ideario musical de JETHRO TULL pues exhibe el motif central del Preludio en Re Mayor de JOHANN SEBASTIAN BACH (parte de su opus El Clave Bien Temperado), y su explícito esplendor saltarín resulta más que idóneo para la emergencia de ‘Songs from The Wood’, una de las canciones más emblemáticas del aspecto lúduco de JETHRO TULL, una gozada inapelable e innegable. Aún en esta ya habitual versión acortada que comienza con el interludio de piano, el fuego celebratorio es voraz y contagioso.

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Pero para gozadas también está otra joya del “Songs From The Wood” que se llama ‘Hunting Girl’. En esta canción y la precedente se nota con cuánta habilidad y frescura se acomodó el nuevo bajista a los factores más complejos y exigentes del catálogo de JETHRO TULL. Se trata, en efecto, de una canción gestada para pasar a la inmortalidad del paraíso de las juergas rockeras, siempre con ese encanto estilizado y ágil que los JETHRO TULL exploraron con infinita creatividad en esos tiempos en que el ahora Dee era la principal figura asociada de Ian. Esta versión en particular es bastante frenética en comparación con la versión original de estudio. Una vez que toda esta algarabía de exquisitas y grandilocuentes fastuosidades ha pasado, es el turno de otra canción fiestera, la cual también es de la cosecha del nuevo integrante de la banda: ‘Jams O’Donnell’s Jigs’, tema que compuso Pegg para el álbum de FAIRPORT CONVENTION “The Bonny Bunch Of Roses”, y que él mismo presenta con la autorización de Ian. Durante el desarrollo temático emergen unas florituras de bajo realmente maravillosas. Lo fastuoso ha sido reemplazado por lo muscular. Claro está, no puede faltar una versión sintetizada de ‘Thick As A Brick’, esta vez solo con la primera sección, el primer interludio, la marcha de los boy-scouts y el epílogo. Con la dupla hilada de ‘Too Old To Rock’n’Roll: Too Young To Die” y “Cross-Eyed Mary”, el grupo sigue hacienda un repaso de su catálogo más celebrado, y de paso, remodela los aspectos más enérgicos de su ilustre catálogo, y de paso, hace su primera despedida. Mientras las entusiastas ovaciones del público siguen y siguen, Barre sale al escenario para articular su agitado y ecléctico solo de guitarra, el cual juega con aparatosidades pesadas y fraseos blueseros a punta de nervio y distinción. Así las cosas, emerge la introducción de ‘Minstrel In The Gallery’, y ya con todo el grupo en escena, esta canción exhibe todos sus recursos de gancho muscular. El final del evento llega, como iba siendo habitual durante las últimas giras, de la mano de la dupla de ‘Locomotive Breath’ y ‘The Dam Busters March’, y la cosa es que se omite aquí la introducción de piano a fin de mantener el empuje rockero sostenido por la canción titular del LP del año 1975. La garra se mantiene mientras el epílogo le pone el último toque de ágil pomposidad al concierto.


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En lo relativo a las anécdotas significativas de esta época final del JETHRO TULL hexagonal y otros eventos colaterales, el primer dato histórico relevante que se menciona en el libro acompañante es la encomienda que Ian Anderson recibió para hacer la música para una de las tres breves piezas de ballet subsumidas bajo el título de Underground Rumours de parte de su hermano mayor Robin, administrador general de The Scottich Ballet. Anderson compartió con Palmer y Barre la labor creativa para la pieza que finalmente se tituló The Water’s Edge.** Ian quería titularla Kelpie, pero la decisión del director Peter Darrell fue la que, naturalmente, prevaleció. Además, ese título de todas maneras iba a ser parte del repertorio de JETHRO TULL en el futuro próximo. También hay algunas páginas dedicadas a la emergente e inicialmente exitosa empresa de pesca, procesamiento y enlatado de salmones que Ian inició a fines de los 70s. Habiendo decidido expandir sus actividades extracurriculares rurales hacia esta industria, Ian pasaba mucho de su tiempo fuera del rock cerca de las aguas que circundan a la isla escocesa de Skye. Ian atribuye el predominio de las temáticas ecológicas y marinas no solo a este hecho sino también a sus recuerdos de infancia. Palabras del propio Ian: “Como siempre, las canciones pueden haber tenido su origen en un lugar, o ser el resultado de un momento de imaginación en el que se vuela a otro país ubicado a miles de millas de distancia. Pero de eso se trata a la hora de escribir canciones, uno toma las ideas consigo a donde uno vaya, y algunas de ellas pueden estar enraizadas en las etapas tempranas de tu vida. El haber crecido en Fifeshre al borde del Estuario de Forth, y luego, unos pocos años más tarde, en Edimburgo, tenía la sensación de que pasé toda mi infancia junto al mar. […] Por supuesto, más crecido, mi familia se mudó a Blackpool, que también está junto al mar, aunque con corriente menos hospitalarias – una zona sucia y turbia con varios desechos, algo que no animaba mucho a pasear en bote.” Algo que recuerda la banda, pasando a lo estrictamente musical, es que la camaradería prevalente seguía siendo más o menos la misma, pero había tensiones inocultables, las mismas que se exacerbaron con la muerte de Glascock. Más adelante, cuando Pegg entró a la banda, su carácter extrovertido y su afable sencillez de carácter le permitieron ganarse pronto la confianza de sus nuevos compañeros de grupo, quienes a veces le tenían como su confidente para las cosas que les disgustaban de Ian. Eran, más que nada, catarsis que eficazmente impedían que se produjera discusiones altisonantes. Pero se respiraba en el ambiente que esta época del grupo tenía sus días contados. La última actuación del sexteto de Anderson, Barlow, Barre, Evan, Palmer y Pegg tuvo lugar a fines de abril de 1980, como parte del programa radial Richard Digance And Friends, en la emisora Capital Radio. El grupo tocó cuatro piezas acústicas y la misma Dee llevó su órgano de fuelles portátil porque no estaba familiarizado con el staff de la radio. Poco antes de eso, el grupo había realizado una serie de ocho actuaciones de siete actuaciones en Glasgow, Manchester y Londres para cerrar la gira de “Stormwatch”. Antes de eso, el grupo tocó a lo largo de todo el mes de marzo y los primeros días de abril en escenarios de Noruega, Suecia, Países Bajos, Bélgica, Alemania, Suiza y Francia. Y eso fue todo, así quedó todo, así fue la despedida de un integrante que entró al grupo en 1970, otro que ingresó a fines de fe 1971 y un tercero que comenzó como músico ocasional para la gira de 1976 y ya ingresó como miembro a tiempo completo al año siguiente.

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Barlow (quien siempre ostentará el privilegio de ser el mejor baterista que ha pasado por las filas de JT en toda su historia) había anunciado en algún momento de inicios de 1980 que tenía la firme intención de dejar la banda, y además, encaró a Ian por el hecho de que John Glascock ganara menos que los demás en la banda; tras la muerte del susodicho, Barrie descubrió que sus deudos no tenían medios para enterrarlo, así que él mismo pagó con su bolsillo el entierro. Lo que él había visto por tantos años como una confraternidad era, en realidad, un régimen.*** Por su parte, Palmer y Evan se guardaron para sí sus propias sensaciones de descontento con lo que pasaba en el colectivo así como en sus propias vidas personales. Palmer quería volver a vivir una vida sedentaria tras haber probado por unos años lo que es hacer giras, mientras que Evan estaba atrapado en su propio mundo, afectado simultáneamente por una crisis de la mediana edad y por un mal matrimonio. Hoy en día, sabemos que John Evans tuvo un exitoso negocio de bienes inmuebles en Australia con un nuevo y longevo matrimonio, mientras que Dee Palmer siguió teniendo trabajo estable en el negocio musical como compositor y arreglista. Pero en aquel entonces, tanta era la anticipación de Dee por escapar de la maquinaria de JETHRO TULL que, en esa nefasta noche en que se anunció la muerte de Glascock, él inicialmente pensó que Ian había convocado una reunión para disolver al grupo. En sus propias palabras: “Yo pensé «Bien, gracias a Dios que nos van a dar la patada final en el trasero y bien que nos la merecemos», porque había un poco de descontento en la gente y ya no tocábamos tan bien como antes. Y no me habría sorprendido que Ian tuviese la intención de formar un nuevo grupo y que todos estábamos fuera de él – que no estuvo muy lejos de lo que realmente sucedió poco después.” El 16 de mayo de 1980 se iniciaron las sesiones de grabación para el primer disco solista de Ian Anderson en el Maison Rouge Fulham Studio, en lo que él pensaba que era un buen momento para poner un hiato a la banda (y no tanto un nuevo disco de JETHRO TULL, aunque fue justamente eso lo que pasó cuando se publicó el disco “A”. En fin…). Palmer recuerda el extenuante periodo de conciertos en Canadá y los EE.UU. que tuvieron lugar en dos periodos (entre el 1 de abril y el 1 de mayo y entre el 5 de octubre y el 18 de setiembre de 1979), teniendo al trío UK como banda telonera: “No soy una gran fan del estilo musical de Eddie Jobson, pero pude percibir que Ian estaba muy impresionado por él, y que estaba tal vez pensando en hacer un proyecto con él. De hecho, Ian quería trabajar con Terry Bozzio también, pero Terry no estaba interesado pues él era un músico más enfocado en la técnica del jazz-fusion.” Según el, la banda ya estaba perdiendo parte de su clase y su sentido de la argucia en los escenarios: “Yo estaba al tanto de que muchos músicos venían a vernos porque éramos muy cohesionados, y solíamos tocar las partes más complicadas de nuestro repertorio como un mecanismo de relojería. Estaba orgulloso de pertenecer a una banda porque podíamos hacer cosas excitantes sin necesidad de convertirlas en algo árido ni inaudible. Pero ya estábamos empezando a perder el brillo, y creo que eso se debía a que sentíamos que nuestro destino estaba sellado.”

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¿Cómo fue la reacción de la prensa profesional? El nuevo romance con JETHRO TULL que surgió en los años 1977 y 1978 terminó, tal como se manifiesta en las reseñas expuestas en New Musical Express (“El disco consiste en cuatro canciones y un instrumental por lado, sin títulos que valga la pena mencionar. […] Ian tiene las indulgencias monetarias de un agricultor nuevo rico convertido en megalómano, cuya sinceridad sobre la visión ecológica llega no más lejos que añadir otra capa de polución auditiva al mundo.”); Record Mirror (“Ian Anderson parece hallarse en la incómoda posición en la que se terminó de arrinconar a sí mismo. Stormwatch es meramente un álbum de canciones de relleno que solo sirve para demostrarnos que sigue vivo. […] Las canciones del lado 1 son desencajadas, sin espontaneidad y aburriiiiidas. [...] Las canciones del lado 2 son refritos a medio completar de viejas composiciones de Anderson.”); Sounds (“El Sr. Anderson todavía está atrapado en los fines de los 60s. […] Fracasa en su intento de introducir algunos ornamentos modernos de sintetizador en el grupo. ¿The Human League con flauta? No.”) Por fortuna, Karl Dallas, de Melody Maker, vio con buenos ojos la temática ecológica aunque expresó que varias canciones del álbum no igualaban el poder evocativo de la portada y la contraportada. Con todo, a pesar de que “las letras de las canciones no dejan en claro si el deterioro de la humanidad se debe a nuestra propia culpa, o si es algo escrito en las estrellas, o si se trata del fin del universo”, señala que en el disco “hay algunas canciones que están entre las más inspiradas desde Living In The Past, las melodías son pegadizas, a menudo con su encanto folclórico bien intensificado.” Este álbum suele ser percibido como un ítem conectado con los dos discos de estudio precedentes, pero eso es algo que tanto Barre como el propio Anderson cuestionan: el primero señala que hay una clara conexión en cuanto a estilo, formato y sentimiento entre “Songs from The Wood” y “Heavy Horses”, pero “Stormwatch” tiene su propia posición, separada de los otros dos. Bueno, desde nuestra óptica, nosotros validamos la opinión popularizada de los fans de que “Stormwatch” es la versión más sobria, grave y apocalíptica de una mirada sistemática a nuestro entorno natural que comenzó con un clima de predominante algarabía en “Songs From The Wood” y que en “Heavy Horses” añadió un toque de vibraciones reflexivas más algunas ocasionales connotaciones melancólicas. En lo que respecta a la reacción del público, Pegg recuerda vívidamente la excitación que le producía el ser bien recibido por una enorme legión de fans, algo a lo cual no estaba acostumbrado dentro del circuito donde se movía FAIRPORT CONVENTION. En los conciertos que se realizaron en Alemania, el público aplaudía y pateaba el suelo hasta por diez minutos después de que el grupo abandonase el escenario. Una muestra del entusiasmo del público se tradujo en un percance que afectó a un ojo de Anderson, el 12 de octubre de 1979 en el Madison Square Garden. Una fan quería obsequiar un ramo de rosas a Ian antes del inicio del evento, pero la gente de seguridad no le permitió acercarse al frontman, por lo que ella le arrojó una flor… y su tallo se metió en su ojo. Aunque Ian decidió que de todas formas se debía realizar el concierto, al día siguiente asistió al oculista y se tuvo que cancelar el concierto siguiente. Durante el resto de esa gira, Ian usó lentes de contacto que permitían la curación de la córnea herida y unas gafas de sol photobrown.

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¿Y qué piensa la gente de JETHRO TULL sobre “Stormwatch”? Dee Palmer asevera que se trata de un valioso pero relativamente fallido álbum que se halla separado de los álbumes precedentes del grupo. Para ella, el disco es el resultado del deseo de Ian de querer esculpir nuevas canciones con nuevos mármoles porque él sentía que “Heavy Horses” se había orientado excesivamente hacia el lado folk. “Pero no era así. Lo que se había hecho en ese álbum era un refinamiento del aspecto folk-rockero, y la combinación de lo que había estado buscando JETHRO TULL después de “Stand Up” y “Benefit”, donde las marcas esenciales de la banda ya resultaban fáciles de identificar. […] Pero dado que Ian tenía ganas de intentar algo nuevo, se puso a saltar una valla que no existía, y en cambio, el grupo acumuló 10 canciones de las cuales solo la mitad, o como mucho 6, dan en el clavo, mientras que otras resultan demasiado largas. Y pudimos haber mejorado el material de haber contado con más tiempo de ensayos y grabaciones, pero los continuados tours no lo hicieron posible.” Barre coincide en el balance de que pudo ser mejor: “Mientras los estábamos grabando, no todo encajaba bien, y cuando terminó de grabarse, nadie pensó «Buen trabajo, muchachos, ahora vamos a tocar todo esto en la gira.» Sin querer ser demasiado negativo con este disco, afirmo que las únicas canciones realmente buenas son estas tres: ‘Home’, ‘Elegy’ y ‘Dun Ringill’. […] No es un disco innovador para el estándar de TULL, nunca superó a otros discos espectacularmente buenos que hicimos antes. Pero tenía la misión de estar a la par con otros discos que estaban muy por encima.” Anderson, el autor principal de todo este material, afirma que, de habérsele preguntado qué le parecía este disco un par de años atrás, él hubiese respondido que lo colocaba en la mitad inferior del catálogo del grupo, pero al haber escuchado meticulosamente el disco en la preparación de esta reedición, lo sitúa ahora en el lado inferior de la mitad superior. Sus propias palabras: “Contiene varias canciones con las cuales estoy muy satisfecho, incluso algunas con las cuales volé tal vez demasiado – por ejemplo, ‘Orion’, que me parece que abarca varias ideas inteligentes y no es para nada una mala canción. ‘North Sea Oil’ es muy buena, y ‘Dun Ringill’ está entre mis favoritas. Y ‘Dark Ages’ es brillante.” Todo este espíritu optimista y positivo que expresa Ian se oscurece un poco bajo una nube de infortunio: “En líneas generales, este álbum está marcado en mi memoria y en las de los demás integrantes del grupo a esta desafortunada nube de problemas por los que pasó John Glascock. […] En retrospectiva, siempre persiste esa triste asociación con este álbum.” 

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Yendo ahora a la logística visual de la gira promocional del nuevo disco, el grupo contrató a unos diseñadores de interiores para que armaran lo que pareciera la pared de un gran barco, incluyendo también unos mástiles postizos y unas redes que emulaban a los gruesos cordones hechos para la pesca profesional a gran escala. Además, los vestuarios de los músicos se volvieron más sofisticados, incluyendo hombreras, un medallón y una franja militar sobre el usual terno blanco de Evan, un disfraz de vikingo para Palmer, y sendos vestuarios de cazador para Pegg y el propio Anderson. A propósito de Pegg, Barre recuerda entre risas que en la primera entrevista, Ian le preguntó al nuevo integrante si era mucho de beber y, sudando frío mientras trataba de no mentir descaradamente, dijo que de vez en cuando disfrutaba de unas cuantas jarras de cerveza. Su integración dentro del mundo musical de JETHRO TULL (además del establecimiento de lazos fraternos con los músicos) fue rápida debido a su notable precisión performativa, aunque él reconoce que, al principio, no apreciaba mucho las canciones más complejas de su repertorio pues, a pesar de ser muy inteligentes en su concepción, le parecían que pasaban de un tempo a otro por el simple gusto de hacerlo. Por su parte, Dee admite que envidia, en cierto modo, a gente como Martin, John Glascock y el nuevo miembro Dave, quienes eran capaces de crear música o seguir instrucciones con la vivacidad propia de quien tiene buen oído y entusiasmo, mientras que ella, con su formación académica, no usaba esa estrategia tan espontánea. Ella recuerda con genuina admiración cuán rápido aprendió Dave todas las canciones que estaban grabando, así como las que ensayaban concretamente para los conciertos. Cuando revisamos el material extra contenido en el segundo CD de esta reedición, nosotros apreciamos varias de estas piezas como bastante dignas de gozar de un lugar oficial dentro del catálogo histórico de JETHRO TULL como parte de un álbum. Tal es el caso de la canción que compuso Palmer bajo el título de ‘Urban Apocalypse’, y de hecho, su letra de crítica social podía funcionar como un complemento de las observaciones que Ian hizo en varias canciones del disco sobre el impacto de la industrialización en el medio ambiente. Sin embargo, el propio Ian no estaba interesado en ponerla en el álbum pues él quería preservar la actitud general de observación y reflexión, y no saltar al terreno del rock de protesta. En cuanto a los casos de ‘Kelpie’ y ‘Broadford Bazaar’, ambas son piezas completas en cuanto a sus respectivos desarrollos melódicos y con suficientes credenciales de colorido folk-rockero dentro de un contexto progresivo como para quedar relegadas al grupo de grabaciones asociadas. La anécdota relativa a la segunda de estas canciones mencionadas es que Anderson y Palmer habían sido invitados a la fiesta de Broadford como miembros de un jurado de un concurso de belleza, y ambos se vieron prácticamente obligados a escoger a la dama asignada por uno de los miembros de la alcaldía del pueblo, aunque ellos pensaban que había otra concursante que era de mejor parecer. Para Ian, se trató de una graciosa ocasión de cómo funciona siempre la política, aún en los eventos más frívolos. 

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En parte de sus últimas páginas, el libro incluye una entrevista a Leigh Mantle, quien fungió de segundo ingeniero para la grabación de “Stormwatch”. Una de las anécdotas más reveladoras que cuenta es que muchas veces Ian se echaba bajo la consola del Maison Rouge Mobile Studio para escuchar lo que se grabó en la jornada y, cuando alguno de los otros músicos entraba al lugar y empezaba a quejarse de algo que dijo o hizo Ian, él tenía que señalar al suelo para advertirle de que él podía escucharle. Si bien él había colaborado en en menor medida en los procesos finales de mezcla para “Heavy Horses” y “Bursting Out”, fue con el disco “Stormwatch” que comenzó a trabajar de manera intensiva y completa como segundo ingeniero bajo la guía del perenne Robin Black. Antes de pasar seis años Maison Rouge Mobile, Mantle ya había tenido experiencia trabajando, ya en estudio, ya en conciertos, con bandas como STEELEYE SPAN, THE STRANGLERS, e incluso con RAINBOW durante la fase de búsqueda de un reemplazante para Ronnie James Dio y el ulterior disco de estudio “Down To Earth”. Él recuerda a los integrantes de JETHRO TULL, o a la mayoría de ellos, como personajes con muy buen humor y buena disposición para la cordialidad, cada uno a su estilo: Martin, como alguien casi tímido pero con agudeza, John, como un tipo extravagante en el día a día (casi tanto como sobre el escenario), Barriemore, con su talante intenso y ligeramente peleón, pero, al fin y al cabo, bonachón. Pero el más entrañable era el entonces David Palmer, quien siempre que le veía en su casa para recoger o devolver alguno de sus sintetizadores, terminaba invitándole a conversar y tomar un té junto a su esposa. Con Ian nunca llegó a tanta cercanía, pero el hecho de trabajar junto a él por varios años le permitió conocer muchos trucos sobre el oficio de hacer una buena mezcla y un buen procesamiento de aportes de diferentes instrumentos. En los días que Ian estaba de buen humor, era un deleite trabajar con él, pero cuando estaba de humor impaciente y alterado, era capaz de expresar su rabia sin tapujos. Una vez hizo eso mientras él hacía una pista vocal para uno de los discos de los 80s, y aunque el mismo bardo Tulliano era muy crítico de su propia técnica para cantar y tocar, en una ocasión se borró una pista de canto, pero fue por culpa de Black. El hecho es que la reprimenda cayó sobre Mantle sin que Black se atreviera a aclarar que fue un error suyo; luego, le pidió perdón a su asistente por haberse acobardado y no decir la verdad sobre el error técnico. 

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Una apreciación bastante significativa que hace Mantle es que mientras duraron las sesiones de grabación de “Stormwatch”, él veía a un grupo en acción (a pesar de las tensiones internas), pero tras la partida colectiva de Evan, Palmer y Barlow, todo se redujo a Anderson y Barre junto a los demás que estaban allí. Esta observación se condice con nuestro balance final sobre “Stormwatch”: es el testimonio de la tormenta que se produjo en la campiña folk-progresiva de JETHRO TULL para que, una vez de regreso a la calma, el grupo elaborara una estrategia de reconstrucción y remodelación bajo las nuevas circunstancias. Lo que implícitamente pensaba Ian como un hiato para explorar momentáneos rumbos en solitario (como el suyo propio) resultó ser, a fin de cuentas, el final de una monarquía. Lo del futuro próximo de Ian Anderson y la resurrección del colectivo musical que siempre lideró no es asunto de explorar aquí, pero sí podemos concentrarnos en lo que se ha expuesto en este ítem del año 1979 para agradecer a los Sres. Anderson, Barlow, Barre, Evan, Glascock, Palmer y Pegg por lo que hicieron entre fines de 1978 e inicios de 1980. En verdad, nos parece un disco mucho mejor que lo que algunos de ellos dictaminan, así como algunos fans y conocedores de la banda. Como ya dijimos en párrafos precedentes, el mayor mérito de “Stormwatch” es el de trazar un nuevo paso en el tránsito de apreciaciones y reflexiones sobre la vida rural, un paso más dramático que iba muy acorde con la mirada a la expansión industrial de nuestros tiempos. El repertorio oficial de “Stormwatch” y sus canciones correlativas que ahora descubrimos conforman una extensa elegía en nombre de la agridulce comprensión de que todo lo que llega a existir tiene que morir algún día.



Muestras de “Stormwatch”.-
Dark Ages [primera maqueta]: https:/ /www.youtube.com/watch?v=qP-SNqniAIw
Orion [versión larga, primera maqueta]: https://www.youtube.com/watch?v=-1RkCV80ios


* La pieza incluye la participación de gaiteros en algunos pasajes. Ian Anderson indica que es toda una pesadilla tratar de grabar gaitas porque la peculiaridad de su diseño y de su técnica hacen que el instrumento no esté totalmente afinado de forma consistente. Su estándar de afinación es un intermedio entre la y si bemol, por lo que, a la hora de registrar los aportes de los gaiteros, los ingenieros de sonido tenía que modificar la velocidad de las cintas de grabación de esta pieza instrumental para que se pudiese adaptar a la naturaleza de este noble y complejo instrumento celta.

** Las otras dos piezas de ballet usaron, respectivamente, una composición de Jon Anderson (no el de YES) llamada Ursprung y una selección de composiciones de Duke Ellington.

*** Más detalles en la entrevista hecha a Barriemore Barlow para el blog Penny Black Music: http://www.pennyblackmusic.co.uk/MagSitePages/Article/7384/Barrie-Barlow-Interview


viernes, 27 de marzo de 2020

HONDURAS y el arraigo de su nueva etapa musical

Honduras - El Cimarrón

HOLA, AMIGOS DE CERCA DE LA ORILLA, LES SALUDA CÉSAR INCA.

El versátil e impredecible grupo argentino HONDURAS, ensamble campeón de la vanguardia rockera argentina del nuevo milenio, vuelve al ruedo con un disco contundente titulado “El Cimarrón”, el mismo que fue publicado por el sello Viajero Inmóvil a mediados del pasado mes de julio. Preservando el formato de trío con la alineación de Pablo Malvino [bajos con y sin trastes, y Stick], Nicolás Kodric [sintetizador, órgano, programaciones y arreglos] y Alex Kodric [guitarras], HONDURAS se embarca en un nuevo trayecto a través de unos mares de lirismo relajado y reflexivo, el mismo que en la mayor parte de veces se asienta en climas contemplativos. El grupo decide distanciarse del predominio de lo adusto y lo filudo que había operado en sus dos discos precedentes (“Célula Dormida” y “Cinco”, de los años 2010 y 2014, respectivamente) mientras sigue explorando el aspecto más sutil de la visión musical que se estaba desarrollando en ellos; a la par, y esto es lo más crucial para el disco que ahora comentamos, el trío explora áreas de jazz-fusión, sinfonismo y Cantebury, además de la acentuación de elementos porteños los núcleos melódicos de varias de las piezas aquí incluidas. También es verdad que los estudios de composición de algunos integrantes ayudaron a germinar esta idea de explorar vías musicales más estilizadas que las empleadas en la discografía precedente. El arte gráfica del disco es muy bella y fue hecha por Martín Luna, quien nos explicó su simbolismo con las siguientes palabras propias que ahora transcribimos: “el concepto que esgrime desde el principio es el de una estación de tren caída en desuso, la imagen de lo que alguna vez fue y ahora ya no es por el abandono. Eso es muy propio de una época y algo que en definitiva es, trágicamente, una marca que tenemos para siempre, ya sea propio para bien o para mal: depende de cómo aprovechemos la experiencia.” Con esta imagen exterior se refuerza la noción de que las huellas permanentes de un pasado que se desvanece en la confusa niebla del tiempo y las añoranzas son las influencias más fuertes en la inspiración musical de esta nueva música de HONDURAS. Bueno, ya es hora de ir directo a los detalles musicales de “El Cimarrón”.

Durando poco más de 5 ¼ minutos, ‘Una Casa Por Etapas’ da inicio al repertorio con una actitud de solemne melancolía que se mueve bajo un manto otoñal y sereno. El carácter razonablemente complejo que tiene la estructura rítmica computarizada permite a los instrumentos de cuerda soltarse inteligentemente en sus matices entrecruzados mientras los teclados dirigen el desarrollo temático en curso. Es como si una asociación de músicos de TORTOISE y HARMONIA hubiesen remodelado una pieza perdida de GILGAMESH, añadiéndose algunos toques de AKSAK MABOUL en el camino. A este hermoso inicio de álbum le sigue ‘Nostalgia A Secas’, un tema cuyo título tan explícito indica ya un ansia proyectada hacia un sendero distinto al de la soltura expresionista de la pieza de entrada. Para este segundo tema del disco, el colectivo explora unas cadencias un poco más complejas en los armazones rítmicos programados pero con una placidez lo suficientemente envolvente como para permitir que los diálogos entre los instrumentos establezcan una poseía musical ensoñadora. Con la dupla de ‘Bailecito Con La Sombra’ y ‘Estampida’ tenemos 6 ¾ minutos de más expansiones sonoras motivadas por esta nueva misión musical que se ha trazado el trío. La primera de estas piezas explora a fondo la esencia de lo introspectivo a través de un sublime motif en 3/4 cuyo sobrio desarrollo melódico tiene la delicadeza del gentil aleteo de una pequeña ave: el talante ensoñador de la pieza precedente se ahonda en lo que parece un baile con las memorias de tiempos luminoso pasados y no una parte de una algarabía propiamente dicha. Por su parte, la estrategia de ‘Estampida’ se enfoca en una suntuosidad grácil donde la esbeltez del entretejido armado por los instrumentos partícipes resulta tan vital para la ingeniería melódica como la misma ilación de los diversos motivos que se van sucediendo a lo largo de un espacio de poco más de 4 ¼ minutos. La guitarra tiene un protagonismo especial aquí dentro del entramado sonoro tripartito. ‘Rancho Aparte’ se caracteriza por seguir un canon semejante al de la pieza precedente pero con un tono más solemne y una gracilidad menos pronunciada: volvemos a la vereda de AKSAK MABOUL a través del filtro de HUGH HOPPER & ALAN GOWEN, y con flotantes matices prog-electrónicos. ‘A Dos Pianos’ es justamente lo que dice el título, un estudio de efluvios galantes con la pauta del doble piano donde se notan claramente los aires de avant-tango que se diseñaron para la ocasión. Curiosamente, no es una composición a cargo del teclista sino del bajista Malvino. 

‘El Desarraigo’ regresa al terreno del krautrock atmosférico con un uso muy discreto de la densidad sonora, eso sí, con un muy amplio campo para la elaboración de retazos jazz-fusionescos de parte de la guitarra. Tiene un gancho muy relevante este tema, es una pena que el grupo no le dé más espacio del que tiene – dura poco menos de 3 ½ minutos – pero el álbum tiene que seguir adelante. Con la secuencia de ‘Las Mañas Pulidas’ y ‘Aurora’, la gente de HONDURAS explora sucesivamente atmósferas grisáceas y fulgurosas: en efecto, el primero de estos temas exhibe una ceñuda y retraída espiritualidad otoñal con tu toque justo de densidad, mientras que el segundo se centra en climas resplandecientes donde los suaves oleajes de la guitarra se engarzan fluidamente con los retazos del bajo y las variantes claves armónicas de los teclados. ‘Motivos Encadenados’ vuelve al área de lo más adusto y lo hace centrándose en un enmarañamiento de ciertos pasajes secos y concisos, los cuales hacen de su mismo enmarañarse su foco expresivo. Los últimos 20 ¼ minutos del disco están ocupados por la magna pieza que precisamente le da título: la división formal de esta suite consiste de cinco partes con sus correspondientes títulos: ‘Obertura’. ‘Fugadito’, ‘Diversión Con Piano’, ‘Progreso Discontinuo’ y ‘Fugadito II’. Nos llama la atención, en el punto de partida, el enclave levemente sombrío con que emerge el primer motif, algo a medio camino entre GOBLIN y la faceta más misteriosa de un MIKE OLDFIELD, aunque con un revestimiento etéreo. A medida que el motif inicial se va enriqueciendo según su propio patrón evolutivo sereno, lo sombrío se ve reemplazado por lo señorial, pero el factor intrigante sigue operando con eficaz magnificencia. Tras un breve puente sutil emerge un motif sobrio y sereno que arma fluidamente un andamiaje lírico bastante envolvente, y a éste le sigue otro que sigue explorando climas envolventes pero con un manejo más expansivo de disonancias, algo así como insertar una pincelada de inquietud en medio de lo angelical. En algún momento, las cosas se ponen muy vibrantes cuando, en un momento de colorida exaltación, el trío arma una encrucijada entre las influencias de GENESIS, GENTLE GIANT y los TANGERINE DREAM de fines de los 70s. El dinamismo dado al complejo esquema rítmico programado es exigido por la gentil pirotecnia que el trío desarrolla en nombre de una grandilocuencia que nunca se les va de la mano. Una vez que este pasaje llega a su fin, el grupo regresa al terreno de lo angelical, y esta vez lo hace con el delineamiento de un pasaje circunspecto sostenido sobre un suave groove jazzero (algo así como la faceta más suave de unos OSFT MACHINE). Tras un breve puente de talante extrovertido que es seguido por unos ornamentos flotantes de sintetizador, llega el piano para la hora del epílogo, el cual se caracteriza por un manierismo solemne donde los aires nostálgicos se combinan con una complacida gracilidad del espíritu. ¡Qué gran éxito ha tenido esta idea de finiquitar el repertorio de “El Cimarrón” por todo lo alto! 

Como balance final, tenemos que reconocer que nos faltan palabras para describir cuánto se ha lucido la gente de HONDURAS con la gestación, grabación y producción de este hermoso disco que es “El Cimarrón”, caracterizado por una muy refinado sentido de la sofisticación a través de las alternancias y combinaciones de lirismo, misterio, densidad y colorido que tienen lugar en cada una de las piezas contenidas en él. Creemos no exagerar cuando designamos a este trabajo como uno de los más exquisitos que se han forjado en la vanguardia argentina de los últimos 10 años, y aún si exageramos, el hecho es que es un disco muy recomendable. 



Muestras de “El Cimarrón”.-
Una Casa Por Etapas: https://viajeroinmovilrecords.bandcamp.com/track/una-casa-por-etapas
El Desarraigo: https://viajeroinmovilrecords.bandcamp.com/track/el-desarraigo
Motivos Encadenados: https://viajeroinmovilrecords.bandcamp.com/track/motivos-encadenados
El Cimarrón: https://viajeroinmovilrecords.bandcamp.com/track/el-cimarr-n

martes, 17 de marzo de 2020

FLOR DE LOTO y sus memorias de la primavera progresiva de 2018

Flor de Loto - Blu-ray Live at Rosfest

HOLA, AMIGOS DE CERCA DE LA ORILLA, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy volvemos a los cuarteles del magno grupo peruano FLOR DE LOTO por motivo de la publicación de su Blu-ray “Live At RoSFest”, a fines del pasado mes de setiembre. La alineación que convirtió a esta actuación como la primera presencia latinoamericana de la historia del Rites Of Spring Festival estaba conformada por Alonso Herrera [guitarras y voz], Alejandro Jarrín [bajo], Gabriel Iwasaki [teclados y coros], Sergio “Checho” Cuadros [flauta y vientos andinos] y Álvaror escobar [batería]. La fecha de la actuación fue el sábado 6 de mayo de 2018 y el local fue The Majestic Theater en la localidad de Gettysburg, Pensilvania. Este ítem de edición limitada con 300 ejemplares explícitamente numerados tiene la magnífica peculiaridad de que contiene también una reedición de su anterior disco en vivo “Eclipse” con un repertorio ampliado con la inclusión de ‘Antes De Despertar’, una bella e intensa canción que, pese a estar acabada de arreglar y grabar, tuvo determinados problemas en la etapa de posptroducción, los cuales le impidieron formar parte del repertorio de la edición original del disco en cuestión (recordemos que el mencionado álbum “Eclipse” se publicó en los últimos meses del pasado año 2018). Este ítem es publicado por el sello Melodic Revolution Records; lo que se ve en el Blu-ray fue dirigido y organizado por personal de Zeitgeist Media. Pues bueno, ahora tenemos este documento audivisual y la concreta realización fonográfica de una canción que quedó pendiente y nos complace mucho que así sea, pero primero lo primero: a comentar lo que quedó registrado de la muy significativa actuación de los FLOR DE LOTO en esa edición del Rites Of Spring Festival.

Flor de Loto - Blu-ray Live at Rosfest

En el momento de su participación en este evento, el grupo aún no había terminado de gestar el cuerpo íntegro de “Eclipse”, pero varios temas del mismo ya estaban suficientemente madurados como para presentarse en concierto con solvencia y gran claridad de ideas. Por lo pronto, tras una breve introducción orquestal sintetizada, el concierto comienza con la tríada de ‘Paraíso’, ‘Tempestad’ y ‘Eterna Proyección’, canciones del entonces disco en proyecto y que nos brindan dos instancias de fastuosidad prog-metalera y otra de retunda y voraz metralla rockera. Con la mezcla de claridad melódica y punche que se destila en la ingeniería poliforme de ‘Paraíso’, el grupo se da a sí mismo el impulso necesario para exponer el virulento expresionismo de ‘Tempestad’ con una convincente musculatura. Así las cosas, el lirismo a la vez luminoso y torturado de ‘Eterna Proyección’ completa cabalmente un explosivo momentum continuado. Apelando a la dimensión más llamativa de la propuesta musical de FLOR DE LOTO, llega el turno de ‘Regression’, donde se alterna partes en inglés y en español: recordemos que esta canción fue el single destacado del álbum “Árbol De La Vida” y que tenía una versión en inglés cantada por Fabio Leone. El grupo vuelve a poner a prueba el material de su futuro disco con la cautivadora pieza instrumental ‘Líneas De Nazca’, la cual es seguida por un fastuoso solo de teclado a cargo de Iwasaki que comienza con un tenor sereno para luego llenarse de embrujadoras florituras donde se alternan las influencias de RICK WAKEMAN y JORDAN RUDESS. ‘Líneas De Nazca’ hace gala de su prestancia progresiva a través de su polícroma arquitectura melódica por donde fluyen naturalmente los pasajes serenos alternándose con los más pesados. Tras el mencionado solo de Iwasaki, la magia de este momento de brioso eclecticismo se perpetúa eficazmente con el arribo de ‘El Espejo Del Alma’, uno de los ítems más entrañables de la historia de la banda y una de las más intensamente empapadas de vibraciones fusionescas de base andina. La sección intermedia porta un encanto danzarín que se engarza muy bien con el resto de los instrumentos, signando el mismo camino hacia el cierre. El público, cautivado prácticamente desde el primer tema del evento, participa entusiastamente en la sección folklórica. Un dato simpático es ver a Cuadros imitar la pose emblemática de Ian Anderson de pararse sobre un solo pie en algunos pasajes de esta canción y alguna que otra por allí.

Flor de Loto - Blu-ray Live at Rosfest

Sin duda, una de las piezas más celebradas de la noche fue ‘El Espejo Del Alma’, y lo mismo vale para ‘El Cóndor Pasa / Locomotive’. ‘Volver A Nacer’, uno de los temas más destacados de su tercer álbum “Mundos Bizarros”, hace acto de presencia con su mezcla de garra estilizada y musicalidad vorazmente extrovertida, pasando por un delicado manejo del intermedio sutil que tiene lugar antes del arrebato final. Un poco más adelante llega el turno de la canción titular, una de las composiciones más señoriales de toda la historia de la banda... Y encima, tratándose de una canción que data de fines del decenio pasado, su huella aún se siente en lo que FLOR DE LOTO es hoy en día. La sofisticación sistemática, el uso liberal de complejos esquemas rítmicos y cambios de atmósfera, y el uso inteligente de vibraciones épicas para el realce de los focos melódicos convierten a esta canción (la más extensa del evento) en algo más que una canción, todo un testimonio de lo que el quinteto vino a hacer en el festival. Esta canción que culminaba ese tercer álbum del año 2009 con una brisa fresca de aristocracia progresiva químicamente pura sirve ahora para instaurar un clímax radiante e incendiario. En medio de estas dos piezas se sitúa ‘Eclipse’, una idea muy buena pues este ítem exhibe un nervio rotundo a través de una ingeniería versátil, y encima su explosivo final se realza en su engarce con ‘Mundos Bizarros’. Con el inmediato arribo de ‘Animal’, el quinteto nos devuelve a la lógica de la metralla y la furia volcánica que antes había signado a ‘Tempestad’ en dosis aumentadas. La dupla de las canciones que cierran y abren el cuarto álbum de la banda – ‘Hasta El Final’ e ‘Imperio De Cristal’ – son las últimas del evento, armando una secuencia musical envuelta bajo una espiritualidad candorosa y rotunda. ‘Hasta El Final’ es otro emblema decisivo de la faceta más fastuosa y señorial del ideario estético que ha venido trazando la banda desde los tiempos de su tercer álbum. Por su parte, ‘Imperio De Cristal’ opera como el encore enfáticamente exigido por el público, y con su vigor cañero moldeado de acuerdo a los patrones del prog-metal logra sintetizar solventemente los aspectos más aguerridos de la noche.
                                                                                                             
Flor de Loto - Blu-ray Live at RosfestFlor de Loto - Blu-ray Live at Rosfest

Como dijimos en el primer párrafo de la presente reseña, este Blu-ray trae como bonus una edición ampliada del CD “Eclipse” con la recuperada canción ‘Antes De Despertar’, compuesta por Jarrín (“Viajando en un estado inmóvil, / Siendo y no siendo, / Volando no fuera sino dentro. / Sintiendo y no sintiendo, / Un mundo extraño en el que me encuentro.”). Esta canción es muy hermosa y tiene una letra con un sugerente talante introspectivo, pero que conste que se trata de una canción encuadrada dentro de un engranaje sonoro híbrido de prog-metal y prog sinfónico. La sección prologar establece una ingeniería meticulosa para anticipar el desarrollo melódico de las partes cantadas, las mismas que adquieren una dosis extra de vigor cuando entra a tallar el intermedio instrumental. Todo termina con un reprise del prólogo, muy a lo grande. De haber tenido una producción perfecta en su hora adecuada, esta canción hubiese venido bien poco antes del final, tal vez antecediendo a la magia evocadora del instrumental de cierre ‘Líneas De Nazca’, o tal vez, inmediatamente después de ‘Animal’... Bueno, estamos solo especulando. Cabe señalar también que el DVD trae como extras los respectivos vídeo-clips de ‘Animal’, ‘Esclavitud De Tu Ser’ y ‘Regression’. El segundo de ellos fue filmado a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar, en el impresionante Bosque de Piedras de Marcahuasi, ubicada a en la zona andina del departamento de Lima. Una de las muchas bellezas contenidas en este ítem especial de “Live At RoSFest”, el cual, como un todo, supone otro gran logro dentro de la siempre expansiva producción de FLOR DE LOTO. Este doble documento audiovisual y fonografico es realmente de lujo. 



Muestras de “Live At RoSFest”.-

lunes, 2 de marzo de 2020

Un presente y porvenir brillantes para el prog español con los FRUTERÍA TOÑI

Frutería Toñi - El Porvenir Está En Las Huevas

HOLA, AMIGOS DE CERCA DE LA ORILLA, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy gozamos del enorme placer de presentar la nueva obra fonográfica de los geniales andaluces FRUTERÍA TOÑI, excelsos y amenos cultores de un jazz-prog ecléctico y aventurero que los hace portadores de la antorcha del brillante presente y no menos brillante porvenir de la escena rockera experimental española. Mencionar aquí al porvenir viene a cuento porque el título de esta nueva obra es justamente “El Porvenir Está En Las Huevas”. Así, con sarcasmo y todo… pero no vale sarcasmo alguno cuando se trata de describir y destacar el derroche de ingenio artístico que la gente de FRUTERÍA TOÑI plasma en cada disco que compone y graba. En este caso, su tercera placa de estudio conforma una de las novedades más exultantes y exquisitas de música progresiva dentro de España y del mundo entero. La verdad que este grupo malagueño ha realizado una labor sumamente bordada. Con el continuo diálogo entre las mentes maestras de Salva Marina [piano, teclados y voz], Jesús Sánchez [saxos y clarinete], Curro García [bajo y coros], Adrián Jiménez [batería] y Víctor Rodríguez [violín], la maquinaria de FRUTERÍA TOÑI está dispuesta a regalarnos otra joya musical para total deleite nuestro, algo que como siempre ha venido haciendo desde los tiempos de su primer disco “Mellotrón En Almíbar”, del año 2014. El repertorio contenido en “El Porvenir Está En Las Huevas” ha sido compuesto, arreglado y entrenado desde el año 2018, y tras una campaña de crowdfunding que tuvo lugar en cierta temporada dentro de la segunda mitad del pasado año 2019, ya pudo hacerse realidad como un ítem físico a inicios de este mismo mes de febrero: teniendo el formato de digipack, el arte gráfica del mismo estuvo a cargo de Luis Périz.

Frutería Toñi

El disco comienza a lo grande (bueno, se seguirá desarrollando a lo grande) con la pieza de 10 ½ minutos de duración ‘Agonía En Koyukuk’. El nombre de la localidad pertenece a una ciudad del Estado de Alaska, miren ustedes por dónde... Bueno, yendo a lo estrictamente musical, la pieza tiene una hermosa fanfarria a lo PREMIATA FORNERIA MARCONI, la misma que abre campo a un breve segundo preludio en clave de blues progresivo, pero ya las cosas se agilizan cuando el centro temático exhibe un cuerpo sonoro ágil y grácilmente vibrante, el cual nos remite a un esquema de trabajo jazz-progresivo bastante sólido. Al modo de una cruza entre ON THE RAW, ACCORDO DEI CONTRARI y el Canterbury al estilo de NATIONAL HEALTH, el ensamble se despacha bien en un muy solvente ejercicio de dinamismo señorial y gancho melódico. Poco antes de llegar a la frontera del quinto minuto, el grupo se adentra en una efímera aureola de grisácea expectativa para coger fuerzas con miras hacia un nuevo ejercicio de dinamismos polícromos. Esto no dura mucho, pues poco antes de llegar a la frontera del sexto minuto y medio, el grupo vira hacia un swing lento y ceremonioso, momento oportuno para un impactante solo de clarinete. Tras este pasaje, el grupo retoma parte del dinamismo precedente para permitir al piano eléctrico delinear un virtuoso solo a lo Zawinul. Mucho, pues poco antes de llegar a la frontera del sexto minuto y medio, el grupo vira hacia un swing lento y ceremonioso, momento oportuno para un impactante solo de clarinete. Tras este pasaje, el grupo retoma parte del dinamismo precedente para permitir al piano eléctrico delinear un virtuoso solo a lo Zawinul. De esta manera, el grupo le da un final exquisito a tan poderoso tema de entrada. ‘Cipango Petite Suite’ sigue a continuación para ahondar en los matices jazz-progresivos antes presentes y alimentarlos con elementos prog-sinfónicos meticulosamente dibujados. El paisaje sonoro está espectacuarmente adornado sin hacerse nunca pesado o abundante. Los diálogos entre el violín y los vientos son envolventes a la par que proveen de oportuna energía a la elaboración del desarrollo temático. 

El ítem homónimo es en realidad una miniatura de ¾ de minuto. En efecto, ‘El Porvenir Está En Las Huevas’ es una pieza de piano con talante impresionista y algún tufo romántico: una belleza que nos cautiva precisamente por lo poco que dura. Suena más a un epílogo de la segunda canción que a un prólogo de la cuarta. Así las cosas, llega el turno de ‘El Monte De Las Tres Letras’, una canción penetrada por un aire reflexivo a través de las transiciones entre una sobria serenidad y una moderada extroversión que se emplean para organizar la ingeniería melódica básica. La canción fluye con naturalidad a través del cauce de su delicadamente organizado esquema melódico. La dupla de ‘El Traspié’ y ‘Los Álamos Verdes’ ocupa los últimos 14 minutos del disco. ‘El Traspié’ es el segundo tema más extenso del disco con sus 8 ½ minutos de duración, y su primera parte tiene la misión de exhibir una nueva muestra de la faceta más reflexiva de la banda. Hay algo que está situado entre lo parco y lo melancólico en el canto de Marina, así como en algunos arreglos de violín. Es como si tuviésemos una balada de CAMEL drásticamente remodelada por una asociación de músicos de ARTI + MESTIERI y HAPPY THE MAN. Con la irrupción de una segunda mitad jovial, no exenta de elementos humorísticos que nos pueden hacer evocar a un “ZAPPA tímido”, la banda le da un viraje sorpresivo bastante agradable al esquema melódico. En cuanto a ‘Los Álamos Verdes’, ésta está construida como una balada jazz-progresiva que se sitúa a medio camino entre el ROBERT WYATT de la etapa 74-75 y el HERBIE HANCOCK de inicios de los 70s. Hay un aire retro en las inspiraciones compositivas, pero el dinamismo mesurado que el grupo crea en torno a ellas se siente muy fresco, muy propio. Una pieza convincentemente evocativa que realza los aspectos más puramente reflexivos del repertorio íntegro de la banda; muy oportuno es este cierre crepuscular para tan hermoso disco.

Frutería Toñi

Todo esto es lo que nos ha brindado en “El Porvenir Está En Las Huevas”, un disco que no llega a ocupar un total de 40 minutos de duración, pero que ni falta que le hace para instaurar un nuevo momento grande para la carrera musical de los FRUTERÍA TOÑI. El pasado viernes 21 de febrero tuvo lugar el concierto de presentación de este nuevo disco en el local malagueño La Trinchera. La verdad que esta banda está bien situada dentro del presente y el porvenir de la élite progresiva española, y este nuevo disco refuerza su posicionamiento con poder titánico. Así es su poder de convencimiento estético, pues su propuesta musical más bien exuda una magia cristalina más propia de las cálidas mareas dirigidas por Poseidón que de las incandescentes llamas de las mil antorchas de Hefesto. Alegorías mitológicas aparte, “El Porvenir Está En Las Huevas” es un disco bellísimo que ya se asegura un lugar privilegiado en los futuros balances de lo mejor que se hizo en el presente año 2020 tanto en España como a escala internacional. 



Muestras de “El Porvenir Está En Las Huevas”.-


[Muchas gracias a nuestro prog-amigo Ignacio Garcés por permitirnos usar una de sus fotos en esta reseña, la misma que dedicamos a él.]

viernes, 21 de febrero de 2020

SUPERSISTER PROJEKT 2019: el retorno en reversa de una vieja magia progresiva neerlandesa

Supersister Projekt 2019 - Retsis Repus

HOLA, AMIGOS DE CERCA DE LA ORILLA, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Hoy nos complace infinitamente hablar en tiempo presente de SUPERSISTER, o más exactamente, del ensamble SUPERSISTER PROJEKT 2019: esta entidad dirigida por el teclista-vocalista y principal compositor de toda la vida de SUPERSISTER Robert Jan Stips ha publicado hace poco el disco “Retsis Repus”, más exactamente, en el 5 de abril pasado, por vía del sello SOSS Music. La edición tiene lugar tanto en formato de vinilo como de CD. El mencionado Stips está a cargo de organizar la logística musical sobre la que se funda esta resurrección del paradigma de SUPERSISTER, haciéndose acompañar por una nutrido y variable corte de colaboradores. En un par de temas añade sus intervenciones otro teclista que responde al nombre de Peter Calicher, mientras que el rol de bajista está repartido entre Bart Wijtman y Rinus Gerritsen, y el de baterista se alterna entre Cesar Zuiderwijk, Leon Klaasse, Marco Vrolijk, Rob Kloet y Rob Wijtman. También hay un dueto de trombonistas conformado por Junior Huigen y Bart van Gorp, además de partes de violín en varios temas que, ora están a cargo de Marieke Brokamp, ora a cargo de Thijs Kramer. Adicionalmente, hay contribuciones vocales ocasionales a cargo de Henk Hofstede y Joke Geraets en las piezas primera y penúltima del disco. La existencia de este ítem nos tiene especialmente encandilados pues, debemos confesar, SUPERSISTER es nuestra banda favorita de toda la historia y todas las vertientes de la música progresiva neerlandesa de ayer y hoy. Esperemos que esta inclinación no afecte a la claridad conceptual que pretendemos tener a la hora de detallar el repertorio contenido en este disco, cosa que efectivamente haremos a continuación.

Supersister Projekt 2019 - Retsis Repus

Durando poco menos de 3 ½ minutos, ‘Memories Are New IV’ abre el disco con un aire etéreo que se deja arropar por vibraciones sombrías mientras su aureola se despliega a través de una grácil ambientación de serena diablura. Aquí tenemos una frontal resurrección de la faceta más introspectiva de la esencia histórica de SUPERSISTER, tal vez sazonada con algunos matices a lo TORTOISE…. E incluso algunas coincidencias con el clásico primer disco de los inmortales HENRY COW. ‘I Am You Are Me / Transmitter’ sigue a continuación para exhibir el primer ejercicio de frontal agilidad musical del disco, muy a tono con el vitalismo humorístico cuyo señorío esencial le prohíbe volverse burdo o chocante. El motif desarrollado por el piano es simple y sencillamente delicioso, así como también lo es el armazón rítmico, agitado majestuosamente por la exuberante labor del baterista a través del complejo groove en curso. Los sucesivos solos de sintetizador y órgano que emergen durante el intermedio instrumental ornamentan el cuerpo central con imponente prestancia. ¡Qué tema tan genial! Tras la miniatura de tres cuartos de minuto titulada ‘Sister Talk 1’ emerge la pieza más extensa del disco, la cual se titula ‘For You And Nobody Else’ y ocupa un espacio de casi 8 minutos enteros. ‘Sister Talk 1’ consiste básicamente en un breve nocturno de teclado que emana pequeños chispazos de colorido introspectivo. Por su parte, ‘For You And Nobody Else’se enfila hacia un despliegue de suntuosos pasajes sonoros, siendo así que el rol de los arreglos de cuerdas y de trombones resulta crucial a la hora de enfatizar el fulgor de los pasajes explícitamente resplandecientes. También hay un interludio de talante introspectivo que nos toma de sorpresa por la manera tan abrupta en que impone su presencia, pero ahí está el truco, en cumplir con la función de realzar la agilidad de la siguiente sección. Otro momento de chispazos introspectivos entra a tallar, lo cual nos pone en autos sobre el dinamismo bipolar en torno al que se arma la ingeniería de esta pieza. Una mención especial debe ir para el último interludio orquestal, el cual contiene unas sublimes capas de cuerdas al más puro estilo impresionista. Hasta ahora, éste y ‘I Am You Are Me / Transmitter’ se destacan como férreos cénits de lo que va del repertorio.

Supersister Projekt 2019 - Retsis Repus         Supersister Projekt 2019 - Retsis Repus

‘Max Eco’, el quinto tema del álbum, perpetúa los estándares más saltarines de la tradición de SUPERSISTER, aunque esta vez con un aire más contemporáneo, siendo así que su esquema jazz-progresivo se engarza muy naturalmente con los paradigmas de otros grupos como HOMUNCULUS RES o FORGAS BAND PHENOMENA. Se trata de una pieza con mucho gancho a pesar de lo “raro” que pueda sonar su desarrollo temático, y es una pena que no se prolongué más de los 3 minutos justos que Stips tuvo a bien concederle, pero bueno, el disco tiene que continuar y ya de por sí logra concretar su lugar como uno de los varios puntos culminantes del repertorio. ‘Hope To See You There Again’ varía totalmente de registro sumergiéndose en un clima ensoñador y distante que, en buena medida, se inserta en el paradigma del nu-jazz (vuelve a emerger el factor de fraternidad sónica con TORTOISE). Los cósmicos manteos de sintetizador, los oscilantes parajes de las cuerdas y los distantes arreglos vocales que surgen en algún momento apuntan hacia el armazón de un suave juego de psicodelia lánguida y enigmática ‘Yellow Days’ agiliza un poco más las cosas mientras se mantiene firme en un clima moderadamente introspectivo: si bien se puede decir que recibe algo del impacto de la pieza precedente, su actitud es la de brindar un colorido renovado a las cosas, además de un swing razonablemente más sofisticado. En efecto, la suntuosidad de los arreglos que enriquecen el relativamente sencillo motif de la primera mitad (ornamentos de cuerdas, florituras de piano, un misterioso solo de sintetizador) logra insuflar un fulgor muy especial al asunto. Para la segunda mitad, todo se calma con el fin de establecer un encuadre reflexivo y contemplativo por vía de un interludio cantado centrado en el piano y las capas sintetizadas, antes de que el motif inicial regrese para cerrar el círculo con una muy breve coda. ‘Sister Talk 2’ es otra miniatura (aún menor que la no. 1) que sigue el sendero de la #1. Así las cosas, la dupla de ‘Next Door Movie’ y ‘Cuckoo’ sirve para que el ensamble se disponga a seguir ajustando las tuercas de la línea de trabajo aquí activa. ‘Next Door Movie’ es un excelente híbrido de jazz-prog y chamber-rock centrado en la modelación de climas envolventes. La cosa suena a una mezcla de JAGA JAZZIST e ISILDUR’S BANE, mientras establece nexos con la tradición del jazz vanguardista de los 60s y 70s. Tras este glorioso tema llega el turno de ‘Cuckoo’, tema que se mete en terreno Zappiano bajo reglas de juego que suenan a un cogobierno de los SUPERSISTER del tercer álbum y los HENRY COW del primero. Juntos, ambos temas ocupan un espacio de poco más de 7 minutos, y dicen mucho a través de sus entramados de opulencia y equilibrio. De hecho, tenemos en su ilación el último gran cénit del álbum.

Supersister Projekt 2019 - Retsis Repus

El breve epílogo ‘Hope To See You Again’ aumenta el nivel de ensoñadora languidez de su hermana mayor (‘Hope To See You There Again’) como si pretendiera motivar una reflexión final en la mente del oyente empático. Y hasta aquí llegamos con “Retsis Repus”, el testimonio en reversa del retorno de uno de los más notables paradigmas de la primera generación de la avanzada progresiva neerlandesa, el paradigma de SUPERSISTER. No están todos los que fueron pero el espíritu conjugado de todas las fuerzas creativas individuales que habitaron alguna vez en el cosmos musical de SUPERSISTER sigue vivo en este disco, e incluso se añaden en él algunos factores renovadores que hacen de este disco que tenemos en nuestras manos algo más que una labor de reconstrucción arqueológica. Se trata de una nueva figura de SUPERSISTER que se arma desde los delineamientos más fundamentales de su esencia histórica. No nos despedimos sin dedicar la presente reseña al flautista y al bajista originales de SUPERSISTER, Sacha van Geest y Ron van Eck, quienes partieron al más allá en los años 2001 y 2011, respectivamente.



Muestras de “Retsis Repus” 
I Am You Are Me / Transmitter [en vivo en Muziekcafé, marzo del 2019]: https://www.youtube.com/watch?v=ag3hVggOPqo
Max Eco [en vivo en Muziekcafé, marzo del 2019]: https://www.youtube.com/watch?v=oQWjBb5z50k

viernes, 14 de febrero de 2020

Con GONG, nada de colapsos: todo es expansión y renovación

Gong - The Universe Also Collapses

HOLA, AMIGOS DE CERCA DE LA ORILLA, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Buenas noticias desde el Planeta Gong: resulta que GONG ha publicado recientemente su Nuevo disco, el cual se titular “The Universe Also Collapses”. Esta publicación tuvo lugar exactamente en el día 10 de mayo pasado en formato de vinilo, por vía del sello Kscope. Este nuevo disco es un testimonio fehaciente y genuino de la persistente supervivencia y la consistente dinámica que GONG, como entidad musical, concreta a cada paso de su vida creativa. “The Universe Also Collapses” ha sido publicado en CD y en vinilo (tanto en color negro como en edición limitada de color rojo). Kavus Torabi, el líder designado por el propio Dævid Allen para mantener viva la llama de las hogueras sonoras y auroras espirituales del Planeta Gong, escribe todas las letras y, claro está, también se hace cargo del canto, las guitarras eléctrica y acústica, y el armonio. Completan el actual universo humano de GONG Dave Sturt [bajo, sintetizador y canto], Cheb Nettles [batería, píano, Theremin y canto], Fabio Golfetti [guitarra eléctrica, guitarra Glissando y canto] e Ian East [saxofones soprano, tenor y barítono, flauta y clarinete bajo]. Se trata exactamente de la misma alineación de “Rejoice! I’m Dead!” (2016), el primer disco que este paradigmático y drásticamente remodelado ensamble publicó tras la muerte de Dævid Allen. Pero no se trata solo de que Allen dirigiera en sus últimos meses de vida la obligada reestructuración de la banda para que tuviese vida propia tras su partida de este mundo terrenal, sino que los Sres. Toravi, Golfetti, East y Sturt ya eran elementos relevantes fuertemente creativos en “I See You” (2014), el último disco con Allen a la cabeza. Si “Rejoice! I’m Dead!” fue el primer paso valiente en este periodo de nuevas aperturas prog-psicodélicas eclécticas sin los aportes compositivos de Allen, “The Universe Also Collapses” resulta ser la gesta de la validación definitiva de este mismo periodo. Hay notables aires de familia con los esquemas sonoros y atmósferas predominantes del disco precedente en el repertorio de este nuevo disco, pero también se nota un énfasis en el explayamiento en la reformulación de recursos y esquemas de la psicodelia de vieja escuela. De esta forma, el resultado se concreta en un disco donde lo reflexivo es la temática predominante en las letras y la mayor parte de los ambientes y encuadres instrumentales. Bueno, veamos cómo se traduce todo esto en los detalles de cada canción del disco.

Gong - The Universe Also Collapses

Toda la primera mitad del álbum está ocupada por ‘Forever Reoccurring’, pieza que se extiende hacia una ambiciosa duración de más de 20 ½ minutos. Sus primeros instantes se prolongan a través de una flotante cadencia etérea minimalista elaborada por una confluencia de sintetizador, efectos glissando de guitarra y el eco envolvente de una nota de guitarra: con la irrupción de algunos cristalinos efectos de sintetizador y el inicio del canto, la zona sonora se encuadra poco a poco para lo que ha de ser el asentamiento del primer cuerpo central del bloque instrumental. Poco antes de pasar por la frontera del cuarto minuto y medio, la dupla rítmica entra a tallar con un compás de 15/8 inmersa en vibraciones jazzeras. El armazón musical gana en exquisitez mientras preserva su prestancia cósmica, y ya cuando el saxo y la guitarra solista entran a tallar, el momentum termina de armarse a fin de que el grupo pueda explorar genuinamente varias de las dimensiones enérgicas de su voz propia. Un ejercicio tremendamente efectivo de psicodelia progresivo muy leal a la tradición de GONG y, a la vez, consistente con el estado actual de la vanguardia rockera. Algunos estándares arquitectónicos de saxofón y guitarra impulsan recursos de renovada agilidad para las instancias finales de este interludio magnificado antes de pasar a una nueva sección serena. El swing es preciso y exuberante, posibilitando así que en un nuevo pasaje instrumental las cosas se vuelvan a intensificar dentro de un esquema regido por el pulso de la elegancia y el nervio de la sofisticación jazz-progresiva. De hecho, se puede decir que entre los minutos 13 y 15 ½ de ‘Forever Reocurring’ tenemos parte de la mejor labor del baterista en todo el disco. Poco antes de llegar a la frontera del decimosexto minuto llegamos al momento en que hay que armar la sección epilogar. Tras una breve fanfarria muy a lo Canterbury guiada por la tríada de las dos guitarras y el saxo, el ensamble vira hacia una labor de síntesis entre las atmósferas más etéreas y las más enérgicas, recreando buena parte del lirismo reinante en la sección precedente mientras añade nuevas dosis de musculatura a los recursos enérgicos. Hay una sensación de sobria algarabía mientras las líneas de los vientos y las labores de las guitarras en los riffs y bases armónicas dirigen el camino hasta el golpe final. El ornamento sintetizado de los últimos segundos se siente travieso y entrañable a la vez. ¡Qué enorme inicio de disco!     

Con sus poco más de 2 minutos de espacio, ‘If Never I’m And Ever You’ expone un dinamismo contagioso y llamativo sobre una ingeniería rítmica razonablemente compleja. Todo está muy bien orquestado en la manera en que el ensamble exhibe una compacta fraternidad en el manejo de las síncopas. Más que un simple tema más dentro del abundante catálogo de GONG, esta pieza ha sido una breve cátedra de cómo hacer música psicodélica con talante progresivo e inspiradas vibraciones jazz-rockeras. Qué tema tan bueno y qué pena que no dure más, pero así son las cosas y el terreno está ahora preparado para la emergencia de ‘My Sawtooth Wake’. Recibiendo el impacto de la prestancia vitalista de la pieza precedente pero dándole una vivacidad más directa, el jam inicial se proyecta hacia una luminosidad pintoresca alimentada por una grácil rimbombancia. Para las partes cantadas, el ensamble se constriñe a fin de permitir que el mensaje explícito de la letra haga gala de su ceremonioso mensaje. Es en estos pasajes donde el grupo vuelve a lucir su refinada cohesión interna pues la sintonía exigida en momentos de constricción colectiva obliga a los músicos involucrados a fusionar sus mentes en una sola en busca de una sutileza unitaria. Las partes cantadas van cambiando de estructura melódica, siendo la quinta un poco más tensa que las otras en lo que se refiere a los ornamentos que emplea la batería para sustentar el swing en curso. Poco antes de llegar a la frontera del séptimo minuto y medio, el quinteto ya está presto a explorar y activar las aristas más vigorosas del cuerpo central. Se nos viene el solo de saxofón más filudo y neurótico de todo el álbum, un pasaje particularmente notable dentro de una pieza cuya consigna es la de movilizar las sacudidas y los traqueteos más aguerridos del espíritu. Ya otras partes cantadas posteriores asumen un aire más dadaísta sin desatarse, pues todavía hay un predominio de la faceta sutil cuando interviene el canto. Para los pasajes finales, el vigor rockero se constriñe un poco y el bloque sonoro global asume un aura señorial irrefrenable. Los últimos 6 ¼ minutos del repertorio están ocupados por ‘The Elemental’, una canción que nos remite a paisajes musicales retro en su motif principal, el cual sigue las pautas básicas de una canción pop-rockera psicodélica de fines de los 60s, añadiéndose algo de la magia saltarina de los dos primeros álbumes de GONG y la calidez melódica del primer disco de CARAVAN (por qué no, también algo del primer disco de SOFT MACHINE). Eso sí, las dos guitarras establecen un empuje renovador al asunto, y cuando ellas entran en un duelo de refinados solos cerca del final, el gancho esencial de la canción recibe un colorido extra. Mientras el cántico conclusivo enfatiza repetidamente el impulso vitalista de que la única realidad es el momento actual (“Remember there is only NOW”) el brío expresivo de la canción culmina con inapelable primor: efectividad máxima es la que producen ese golpe rotundo y esa palabra cortante en el momento final.  

Gong - The Universe Also Collapses


Con lo mostrado en “The Universe Also Collapses”, el colectivo vigente del planeta musical de GONG ha demostrado con creces que su misión sigue alentando nueva vida para la vanguardia rockera de nuestros días. Su llama creativa es el antídoto total contra cualquier tipo de colapso en nombre de una permanente situación de expansión. GONG siempre fue y seguirá siendo por siempre jamás una fuerza universal.




Muestra de “The Universe Also Collapses”.-
The Elemental [radio edit]: https://www.youtube.com/watch?v=VQQbIi4Xc5E

viernes, 7 de febrero de 2020

La excelsa música de MARKUS REUTER no nos da tregua

Markus Reuter - Truce

HOLA, AMIGOS DE CERCA DE LA ORILLA, LES SALUDA CÉSAR INCA.

Lo que reseñamos ahora es un disco muy significativo pues se trata de la centésima publicación de parte del magnífico sello difusor de música vanguardista MoonJune Records, a cargo del magnífico y entusiasta personaje Leonardo Pavkovic. Pero claro, no solo se trata de eso, pues de hecho, lo mejor es que se trata de un disco del insigne maestro de la Touch Guitar MARKUS REUTER. El disco en cuestión se titula “Truce” y nos muestra a un REUTER muy bien acompañado por la dupla rítmica de Fabio Trentini [bajo sin trastes y sintetizador] y Asaf Sirkis [batería]. “Truce” fue publicado el pasado 17 de enero a partir de unos registros en vivo que tuvieron lugar en el estudio barcelonés La Casa Murada (en Banyeres del Penedes), en una sesión organizada a mediados de mayo del año 2019. O sea, el mundo tuvo que esperar varios meses para descubrir la magia musical que ocurrió en esa ocasión, pero la espera valió muchísimo la pena, no solo porque se trata de una publicación especial dentro del catálogo de MoonJune Records, sino también porque se trata de una obra magnífica. Permítasenos adelantar que REUTER nos brinda una labor absoluta genial en este nuevo trabajo solista mientras aprovecha al máximo los aportes de Trentini y Sirkis: de hecho, la autoría de las siete piezas aquí contenidas están atribuidas al trío en conjunto. Bueno, pasemos ahora a los detalles de “Truce”, ¿vale?

Markus Reuter

Con sus casi 12 minutos de duración, ‘The Truce’ abre el álbum estableciendo un groove tan llamativo como sofisticado, el mismo que tiene un empuje tan contundente que REUTER no necesita mucho tiempo para elaborar riffs en la base y, consecuentemente, explayarse en fraseos incendiarios signados por un expresionismo deliciosamente rimbombante. Desde antes de la mitad, el trío se desboca en un clima de señorial caos dentro de un breve puente que, al encenderse con una nueva llama, obliga al groove a intensificar su aureola sofisticada. Aunque hay un pasaje donde el grupo explora algunas vibraciones un poco más controladas – incluso etéreas –, el asunto es que los tres músicos articulan un poderío común impregnado por una aristocrática virilidad. Estamos en territorio fronterizo entre los STICK MEN del “Deep” y los ATTENTION DEFICIT del primer álbum. ‘Swoonage’ se encarga de hacer virar las cosas hacia una dimensión más calmada, incluso rayando con lo misterioso. Los bellos y evocadores solos de guitarra, grácilmente articulados dentro del swing controladamente lento armado por la dupla rítmica, parecen extraídos de un atardecer otoñal dentro de un universo alternativo psicodélico. Hay algo de vitalista en esos solos que no se puede negar, pero su misión no es la de exhibir fuerza de carácter sino la de retratar esbozos bien desarrollados de alguna inquietud interior. Una pieza muy bella, claro que sí, y además, sirve como eficaz vía de entrada para el tercer tema del álbum, ‘Bogeyman’, el cual acentúa esta vía de exploraciones introspectivas hasta convertirse en algo vehementemente crepuscular. Aunque el título aluda a un espectro terrorífico, en realidad lo que se destila aquí no es un aura ominosa sino una turbación solipsista signada por una enérgica expresión de psicodelia refinada. ¿La MAHAVISHNU ORCHESTRA retorcida por el horno industrial de KING CRIMSON? Sí, algo así.... y de paso, una extensión del cénit iniciado por el tema precedente. ‘Be Still My Brazen Heart’ esá diseñado para que el trío siga internándose aún más en la noche oscura del alma y proyectar una dimensión melancólica y contemplativa. A través de sus exuberantes sus estremecimientos free-jazzeros, el bloque rítmico establece un swing calmado que permite a la guitarra soltarse en un despliegue de texturas agitadas por la añoranza; también el bajo gesta algunos colores adicionales que completan la paleta sonora en curso. 

Con la dupla de ‘Power Series’ y ‘Let Me Touch Your Batman’, REUTER y sus compañeros de viaje refuerzan su estrategia de organizar encuadres jazz-prog-psicodélicos dentro de atmósferas aguerridas y elegantes. El primero de estos temas mencionados nos remite a una síntesis de las piezas #2 y #3 con una dosis extra de luminosidad que permite a los tres instrumentos, tanto en sus lucimientos individuales como en su ingeniería comunal, establecer una arquitectura fulgurosa. El dinamismo es obvio a pesar de no tener un esquema rítmico intrépido; el nervio y la garra hacen valer su muscularidad inherente mientras el jam saca buen provecho de su andamiaje de 9 minutos. Dicho sea de paso, en el último tercio de esta pieza tenemos uno de los solos más sólidos y extravagantes de REUTER. Por su parte, ‘Let Me Touch Your Batman’ se mueve hacia un terreno más extrovertido, añadiendo dosis de sensualidad y animación a los viajes cósmicos diseñados para la ocasión. Lo que suena ahora está más en línea con una encrucijada entre la faceta jazz-rockera de los KING CRIMSON de los 90s, la línea de trabajo del proyecto WINGFIELD REUTER STAVI SIRKIS y el estándar de un visionario como RAY RUSSELL. El esquema sonoro está meticulosamente preparado para que se geste un crescendo rotundo y absolutista, y es eso justamente lo que pasa ante nuestros oídos mientras la maquinaria triádica preserva con pulso de hierro la retroalimentación de su propio remolino. Los dos últimos minutos sirven para atenuar sostenidamente la garra en aras de acentuar la combinación de free-jazz y sonoridades cósmicas. Si el tema más extenso del disco estuvo a cargo de abrirlo, será el segundo más largo el que lo cierre: éste se titula ‘Gossamer Things’ y dura poco más de 11 ¾ minutos.  Si el tema más extenso del disco estuvo a cargo de abrirlo, será el segundo más largo el que lo cierre: éste se titula ‘Gossamer Things’ y dura poco más de 11 ¾ minutos. En lo referente al groove, sigue la pauta de ‘Power Series’ a la hora de gestionar una parsimonia muscular, mientras que en lo referente a los matices, fraseos y efectos de la Touch Guitar, el asunto va más por el lado de una síntesis entre las piezas primera y penúltima; así las cosas, la ocasión es propicia para que REUTER dé rienda suelta a su virtuosismo técnico de forma coherente bajo las pautas de tensión inherentes al cauce temático. En el lapso que se extiende entre poco antes de pasar la frontera del quinto minuto y antes de llegar a la frontera del séptimo, tenemos un altísimo nivel de incandescencia de la Touch Guitar. Ya un poco más adelante, el groove se deriva hacia una gama más sutil y espaciosa, lo cual permite que los elementos flotantes de la instrumentación pasen holgadamente al frente... Y así persiste la cosa para que se dé un cierre ensoñador para el álbum. 

Markus Reuter, Fabio Trentini y Asaf Sirki

Todo esto es lo que se nos ha brindado a lo largo del repertorio de “Truce”, un disco absolutamente brillante, demoledor en su prestancia aventurera y hercúlea, convincente en su garra intensa: un disco que no da tregua en su exhibición de genialidad experimental. Música jazz-progresiva de óptimo nivel a cargo de MARKUS REUTER y sus magistrales compañeros de travesía Fabio Trentini y Asaf Sirki contenida en un disco que solo nos queda recomendar al 500%. 



Muestras de “Truce”.-